miércoles, abril 23, 2014

La Bestia Negra

Quedan pocas horas y me siento estúpidamente nervioso ante el partido de esta noche. No hay racionalidad que lo explique porque tengo mil cosas de las que preocuparme antes de ese estúpido partido de fútbol que no, independientemente del resultado, va a hacer que vida sea mejor o peor.

Miento, mi vida será peor si mi equipo pierde. Si a la bestia negra le da por hacer honor a su nombre voy a estar unos cuantos días jodido, aguantando burlas y evitando cualquier medio informativo que pueda recordarme.

¿En qué momento me hice del Madrid? No lo sé, pero me habría ahorrado muchos disgustos si me hubiera quedado en la bandada de los intelectuales anti-fútbol. Personas que entienden por "fútbol es fútbol" lo que realmente es, que el fútbol es sólo fútbol en lugar de tomárselo a la tremenda.

Y si lo pienso ni siquiera estoy seguro de que el fútbol, como tal, me guste. Porque aparte de lo de ganar, ganar, ganar, ganar y volver a ganar que decía el Luis Aragonés tendría que haber algo más allá que la cara de idiota que se te pone cuando pierdes que no es muy distinta de la cara de idiota que se te pone cuando ganas.

Cuando tratas de explicar algo que no tiene explicación se te pone también cara de yo que sé. La que tiene siempre Ancelotti, cuando gana, cuando pierde o cuando le dan los buenos días. Con una ceja en la tierra y la otra nieve.

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lunes, abril 21, 2014

Ray Emmett vs Django Reinhardt.

Durante este largo puente he podido disfrutar de tres historias que hablaban sobre rivalidades deportivas que fueron, o están siendo, bastante importantes en su contexto. Estas tres historias de rivalidades se podrían dividir en seis historias de superación en las que cada una se retroalimenta de otra.

La primera que vi fue una dedicada a David Cal. El gallego es el deportista español, y mundial en su especialidad, que más medallas olímpicas ha conseguido. Éste, en un momento en el que pensaba retirarse al ver tan lejanos los JJOO de 2016, se marchó a Brasil para poder seguir entrenando con la persona que le llevó al éxito, Suso Morlán.

Esta decisión estaba motivada por la bajada de sueldo de un 14% que la federación llevó a cabo, "recompensa" por conseguir la quinta medalla supongo, y por las mejoras en las condiciones que les ofrecía el comité olímpico brasileño.



Esto ha hecho que David Cal conviva en el mismo apartamento con Isaquías Queiroz, actual medallista de oro mundial en la categoría en la que compite el deportista español. Esto hace que por su juventud y cualidades sea el máximo rival que tenga Cal en las próximas olimpiadas.



La relación entre ambos es muy buena, son dos personas totalmente opuestas que se complementan y transfieren cualidades de una forma muy especial y curiosa. Calma frente carácter y madurez frente a juventud.  Bonita historia muy bien contada, como suele ser habitual, en el programa Informe Robinson.

La segunda historia está protagonizada por Vlado Divac y Drazen Petrovic. Compañeros de habitación antes de la Guerra de los Balcanes durante las concentraciones de la selección yugoslava de baloncesto. Ambos fueron campeones del mundo en 1990, Argentina, al ganar a la Unión Soviética en la final.

En la región balcánica ya se vivía un ambiente prebélico y tras el pitido final que hacía a los yugoslavos campeones del mundo un hincha saltó a la pista con una bandera de Croacia. Vlado Divac interceptó al aficionado de malas maneras arrebatándole la enseña. Posteriormente la lanzó al suelo con cierto desprecio.

Este hecho hizo que Divac fuera foco del odio por parte de croatas. Drazen Petrovic lo era, al igual que otras figuras importantes de aquella selección como Dino Radja o Toni Kukoč, y desde ese momento dejó de ser amigo del serbio.

La trayectoria de ambos les había unido aún más pues fueron al mismo tiempo a la NBA, Divac a los L.A. Lakers y Drazen a Portland. La suerte fue distinta para los dos, Divac triunfaba con los Lakers mientras que en Portland apenas le daban bola a Petrovic. Uno llamaba al otro diariamente para compartir sensaciones y, seguramente, para sentirse un poco en casa en aquella tierra tan lejana, en todos los sentidos.

No volvieron a hablarse en mucho tiempo, salvo las veces que se enfrentaban en partidos y lo hacían de forma esquiva. Petrovic empezó a triunfar cuando fichó por los New Jersey Nets. Cuando comenzaba a ser considerado como uno de los mejores bases de la NBA se mató en un accidente de tráfico. Divac supo la noticia cuando estaba de vacaciones en Hawai y se quedó completamente hundido.

El documental provoca el reencuentro entre Divac y la madre y el hermano de Drazen. Se trata de una disculpa muchos años después cuando ya de poco sirve para uno aunque para el otro sea una cura o un pasar página que parecía necesario. No sólo a un nivel personal, a nivel de nación. Reconciliación que parece que no existe cuando vemos pasear a Vlade por Zagreb. Muchos le reconocen y no le dicen nada porque aún sienten cierto desprecio por él. Sólo una nueva generación será capaz de olvidar este tipo de cosas. Acaba la filmación con Divac depositando una foto de él y de Petrovic tras ganar la final del Eurobasket de 1989 que tuvo lugar en Zagreb.



Ha resultado especial este documental porque hace un par de años hice un curioso road trip por Croacia (Split, Zadar, Zagreb) y Eslovenia. También me choca la imagen de Petrovic en contraste con los aviejados Radja, Kukoc o Divac. Él corrió la peor suerte de todos pero seguimos pensando en él como alguien joven y que se encuentra en su mejor momento.

Añado, como madridista, que también les une el hecho de haber estado vinculados al Real Madrid. En este caso claramente me quedo con Drazen Petrovic, del que nada recuerdo al ser por entonces un niño. Sí que recuerdo la imagen de Vlado Divac junto a Ramón Calderón y de como el primero se lo llevó muerto sin haber hecho nada gracias a los métodos que solía utilizar el segundo.

La tercera historia la protagonizan James Hunt y Niki Lauda. El primero es un bala perdida que no se corta un pelo a la hora divertirse o de pilotar un fórmula 1. El segundo tiene el mote de "La Rata" y su diversión pasa por sacar el mayor rendimiento a los coches que pilota. Uno es todo lo contrario que el otro y se disputan el mundial de 1976.

Justo ese es el año en el que Lauda tuvo el accidente en Nürburgring en el que gran parte de su cara se quemó. Ese fue el resultado de la suma de unas condiciones climatológicas al ya de por sí complicado trazado alemán.

Lauda echaría la culpa de ese accidente a Hunt pues había impedido que el gran premio de Alemania se cancelara al iniciar una revuelta contra la proposición del austriaco. Lauda, en la película, también reconoce que la recuperación no hubiera sido tan rápida sin el empuje del británico y las ganas de "La Rata" de retener el campeonato del mundo.

Hunt aprovechó la ausencia del austriaco para conseguir el título no sin que éste último luchara por él hasta al final. En el último gran premio, en Japón, Lauda se topó con esa felicidad, que era su mayor enemigo y le hacía débil, y decidió retirarse por el miedo a la fuerte lluvia y viento que hacía ese día en el circuito nipón.

Luego se muestran unas palabras y la imagen actual de Niki. Los que seguimos la Fórmula 1 la tenemos bastante reciente pues colabora con el intratable equipo Mercedes y no hay fin de semana en el que los medios no pidan su sabia opinión. Hunt fue comentarista en la BBC hasta su muerte, en 1993. Pagó los excesos cuando había tratado de repararlos, demasiado tarde supongo.



Sin duda las dos primeras historias, documentales al fin al cabo, me han gustado más que esta tercera. Típica edulcoración de Ron Howard a sus películas por mucho que estén basadas en personajes de carne y hueso. Reconozco que está bien contada y que Daniel Brülh no puede parecerse más a Lauda. Gran actor el hispano-alemán. También tiene su punto ver a un Ferrari ganar, en la ficción, claro.







jueves, abril 17, 2014

Del amor y otros demonios.

Hoy terminé 'Del amor y otros demonios' de Gabriel García Márquez. Hoy el colombiano ha muerto y esto es casualidad y no lo es. Comencé a leerlo cuando sabía que estaba en cuidados paliativos aunque me hice con él una semana antes.

Mirando el archivo del blog sólo encuentro una referencia a Gabo al hablar sobre 'Absalom, Absalom'. Y es que esa novela de Faulkner me recordó mucho a 'Cien años de Soledad'. Puede que haya sido uno de los autores que más he leído y me jode hablar de él una vez que ha muerto.

Mis recuerdos van ligados a la obra que hasta este día he leído del autor colombiano. La primera novela que leí de él fue 'El Coronel no tiene quien le escriba'. Se trataba de un ejercicio de Lengua y literatura de primero de Bachiller, creo. Recuerdo que tras leer la obra, una que nosotros eligiéramos libremente, teníamos que hacer una exposición sobre el autor y sobre la novela.

No sé por qué lo elegí, puede que fuera porque tenía ese libro en casa, dentro de la enorme colección que mi padre aún conserva. Puede que también fuera porque era un libro de corta extensión. Recuerdo que durante la exposición que tuve que hacer sobre esa gran novela, sobre gallos de pelea y sobre reconocimientos que no llegan, la profesora me corrigió nada más empezar. "Se dice Gabriel, no Grabiel". En fin, ya me valía. "Mierda".

En mi primer año de carrera robé de una biblioteca 'Crónica de una muerte anunciada'. Si lo pienso bien no recuerdo haber robado nunca ninguna otra cosa en mi vida. Ya me valía también. Lo siento por aquella biblioteca de Albacete. Lo siento por aquellos que no pudieron cogerlo prestado, o directamente robarlo, una vez que yo lo había sustraído. Se perdieron, sin duda, una gran lectura.

Durante el verano de aquel curso me tocaba estudiar bastante para las asignaturas que me habían quedado para Septiembre. Yo me sentaba con la mejor de las intenciones pero terminaba por preferir no hacerlo, no estudiar. La lectura era la mejor de las tapaderas. Los libros se camuflaban entre los apuntes. 'Cien años de soledad', entre otras, fue lo que realmente machaqué aquel verano. Recuerdo ir a un examen de física con el libro bajo el brazo. Lo inesperado ocurrió y aprobé, no recuerdo las preguntas pero nunca olvidaré a los Buendía.

Tampoco olvidaré el sitio donde terminé Cien años, fue en Ciudad Real acompañando a un amigo de mi pueblo, de toda la vida podría decirse. En esta ocasión el examen lo hacía él y la suerte fue la misma. Viva Macondo, puede que Casillas pusiera anoche un ejemplar de esta novela en su palo izquierdo.

Luego llegó 'El Amor en tiempos del cólera'. No hay anécdota que pueda vincular a esta obra. Sí visualizo a Javier Bardem en la portada de aquel libro de bolsillo. Inconfundible en cada mudanza.

Y por último 'Del Amor y todos los demonios'. La obra empieza con muerte y termina con muerte. Muerte plácida, en un estado original, con grandes melenas y el fin de un sufrimiento provocado por la incomprensión, por la maldita iglesia y por los malditos demonios ficticios del amor.

El sueño de una niña que come un racimo de uvas mientras mira la nieve a través de una ventana. Por cada uva que come una más surge del racimo. Ella morirá cuando al racimo ya no le queden uvas. Ella empieza a comerlas de dos en dos. El final es el mismo para todos, ni Gabo se salvó.

Sólo puedo dar la gracias a Gabriel García Marquez por darme algo parecido a lo que Leólo decía sobre los libros;

"Lo único que le pido a un libro es que me inspire energía y valor, que me diga que hay más vida de la que puedo abarcar, que me recuerde la urgencia de actuar”

Por sacarme de la mediocridad en la que se ha convertido todo. Gracias a él, a Vargas Llosa, a Bolaño, a Cortazar, a Cesar Aira, a Bioy, a Simón Bolivar...  Gracias incluso, y sobre todo, a Borges, que dijo que a cien años de soledad le sobraban cincuenta.

  También quisiera pedir perdón por el oportunismo y por no haberle mencionado antes. Leer un libro suyo fue un pequeño empujón a la escritura como modo de vida o como simple objetivo que, palabra a palabra y poco a poco, voy alcanzando.

miércoles, abril 16, 2014

Ruby Sparks

Ten cuidado con lo que sueñas pero ten más cuidado todavía con lo que escribes porque podría hacerse realidad. Ese podría ser el breve resumen de la película sobre la que voy a hablar o un larguísimo título para este post.



Calvin Weir-Fields es un exitoso escritor. Es muy joven y padece todos los síndromes literarios posibles. El del folio en blanco, el de la segunda novela o incluso el mal de Montano... Un día sueña con una chica. No es una modelo, simplemente es una chica complicada que quiere ser pintora cuando en realidad es un lienzo en blanco.

Calvin decide escribir sobre ella. Darle un origen, una vida pasada y unos sentimientos presentes. Una mañana ésta se materializa y el escritor entonces cree estar loco, no deja de repetirse "No es real, no es real, no es real". Sí que lo es, inconcebible pero real, y una vez que confirma que también lo es para el resto de personas decide seguir la corriente a la novela que acaba de empezar.

Se lo cuenta a su hermano y cuando lo comprueba le dice que haga lo que ya hemos pensado todos antes, You know, big tits, long legs... Calvin tiene su ética y decide guardar bajo llave esa novela y dejar que Ruby sea simplemente Ruby.

Luego todo se complica porque esa novela de amor se convierte en una relación normal que poco a poco va apagándose. A Calvin le vale, ni siquiera escribe, pero no a ella que busca escribir su propia vida. Se distancia y el escritor se cansa. Le hace ser dependiente de él, la hace triste, la hace feliz, la hace dar vueltas, saltar, hablar francés. Así hasta que la hace libre dejando por escrito que al salir de su casa ella olvidará todo su pasado.

Él se queda muy tocado y transforma su pena en novela. De Ruby no sabemos nada hasta que la vuelve a encontrar en un parque con el libro de éste. Ella no le recuerda y todo empieza de nuevo.

Es inevitable pensar en Eternal Sunshine of the Spotless Mind (Olvídate de mí). Sobre todo en ese empezar de cero. Más allá de todas las locuras que aparecen en estas dos películas lo verdaderamente increíble es esa segunda oportunidad. Sí, en la vida real disfrutamos de muchas ocasiones que son segundas oportunidades de libro pero en realidad no dejan de ser segundas partes encubiertas o remakes innecesarios.

Es cierto que en Olvídate de mí esta segunda oportunidad era auténtica, ambos se habían borrado de sus respectivas memorias. La de Ruby Sparks es una segunda oportunidad a medias, sólo para ella. Es difícil saber quien sale ganando, el que lo recuerda todo o el que no se acuerda de nada.

La materialización del personaje es algo que impresiona menos porque al final y al cabo nuestras fantasías o sueños tienen cierta base de realidad. No he leído sobre esto pero imagino que son proyecciones de lo que nos pasa o lo que hemos pensando que nos podría ocurrir. Una caricatura de la realidad.

Desde el punto de vista literario la película me interesa, una nueva visión de la lucha personaje-autor. En Niebla de Unamuno el personaje le pide al novelista que no le mate y que le de una vida mejor. Puede que la mejor forma de tratar a un personaje sea darle libertad e independencia. Borrar su nombre de todos las páginas y luego escribir sobre ello.

Esto no resulta ajeno porque si lo piensas bien todos somos personajes de una mala novela y la vida de cualquiera es muy parecida a la vida de cualquiera. Misma novela con muchos personajes idénticos o muchas novelas con el mismo personaje como protagonista. Nunca es tarde para pedir que borren mi nombre de esa mala novela, será la única forma de lograr esa auténtica segunda oportunidad.







lunes, abril 14, 2014

'Yo Fui Jonnhy Thunders' de Carlos Zanón.

Hace cosa de una semana finalicé 'Yo Fui Jonnhy Thunders' de Carlos Zanón. Hoy he caído en la cuenta de que se me hacía feo no recomendar esta novela y de que llevo mucho sin escribir en el blog. No está siendo Abril muy prolífico en cuanto a lecturas, de escritura ni hablamos, pero aún quedan días para escribir cualquier cosa.

Encontré este libro, de nuevo, en una recomendación que hacía Boyero en su chat semanal de El País. Acababa de terminar Los Subterráneos de Kerouac y me parecía buena idea regresar a la novela negra.



Regresar a la Barcelona noir que tan bien encaja en este tipo de libros. La Barcelona actual, llena de independentismo y silencio que sirve de contexto perfecto, de distracción perfecta para muchos, a este relato sobre el fracaso personal. En fin, me gustaría que todos pudiéramos elegir cómo fracasar o en qué país vivir pero al final todos encontramos fronteras donde no debe haberlas.

Francis, bajando a los infiernos, o Frankie, cruzando el paraíso, es alguien que llegó a tocar con Jonnhy Thunders, solista de los Heartbreakers y mártir del rock & roll. Por lo que leo, la la heroína le hizo dejar de componer durante las ochenta y murió en 1991 en circunstancias extrañas que poco importan, se murió y qué más dará el cómo. El caso es que en la actualidad Francis está divorciado y sin dinero porque en sus días de gloria lo gastó todo en sus vicios. No tiene casa y debe regresar con su padre, un viudo que vive sólo casi en la miseria.

La música es una parte importante de su vida aunque ya no se gane la vida con ello. Son muchas las referencias musicales las que se hacen durante el relato (Patti Smith, New York Dolls...) pero la más repetida, sin duda, es la que se hace a los Pixies. Francis nombra a Debaser, una canción en la que un tipo lleva al cine a una chica a la que quiere trabajarse. El tipo no entiende nada pero sabe lo degradante que es todo, la película en sí, el fingir entenderla y el hecho en sí de hacer algo que no le gusta para lograr un fin sexual. Es al menos lo que creo entender aunque quizás no quiera decir nada de esto.

No quiero entrar en detalles en cuanto a la trama. Sólo destacar este nuevo hallazgo, con poco mérito porque está llamada a ser una de las grandes novelas de 2014. Lo que más me ha gustado es el estilo de Zanón, rudo en ocasiones y sensible en otras cuando el protagonista recuerda cosas del pasado o habla sobre su hijo. Sin perder nunca la coherencia, siempre hay algo degradante detrás de todo.

Detrás de algo degradante también puede haber cierta poesía, es lo que este libro destila en ocasiones. Mezclando la realidad más brutal con imágenes igual que en ocasiones es Francis y en otra Mr Frankie.

Ahora estoy leyendo a García Márquez, otra buena ocasión futura de romper el silencio del blog, y he encontrado una frase suya que define al estilo de Zanón, estilo transparente; "Cuanto más transparente es la escritura más se ve la poesía". No sé si me hago entender pero es algo así.





Otro día tocará hablar de Los Pixies, de lo bien que suenan mientras que un chico le dice a su chica "Me has conocido en un momento muy extraño de mi vida". Edificios saltando por los aires y "¿Where is my mind?". Vayamos poco a poco. Siempre queda tiempo para más.


lunes, marzo 31, 2014

'Los Subterráneos' de Jack Kerouac

Antes de comenzar la lectura en sí de la novela 'Los Subterráneos' me encontré con un breve prólogo que daba paso, a su vez, a una extensa introducción que explicaba todo lo beatnik, digamos, y gran parte de lo que hay que tener en cuenta a la hora de leer a Kerouac.


Puede que no haga falta, o puede que sí porque mucha gente entendería mejor qué significa eso de ser hipster. Puede que todo se resuma en la primera frase del prólogo: "Es posible que nuestra prosa no se recobre jamás de lo que le ha hecho Jack Kerouac".

Tras este prólogo, escrito por Henry Miller, de la propia introducción de Fernanda Pivano comienza el libro o quizá sea mejor decir que comienza el instante en el que uno lee LO que en un preciso momento le pasó por la cabeza a Kerouac y puso por escrito. Se trata de verLO todo como una foto en la que aparecen todos los instantes, superpuestos uno encima de otro, formando un extraño dibujo en el que puedes intuir algo por los colores o extraña figuras que se forman.

"Es característica de esta vibración, de esta intensidad, la uniformidad del tono: Kerouac, si se quiere, es un escritor monocorde y a la vez monótono. En sus libros no hay fortissimi ni pianissimi, usando la terminología musical que tanto le gusta, del mismo modo que no hay decelerando ni rallentando: todas sus páginas evolucionan en un mezzo forte y con un ritmo constante (endiablado en verdad) que han hecho a algunos críticos hablar de carencia de fantasía estilística. Es posible que sea ésta la limitación de Kerouac pero, si se acepta su posición de escritor del «momento», no se pueden esperar alteraciones del tiempo-espacio en una porción de realidad exterior por naturaleza al tiempo-espacio, como lo es precisamente el momento. Una posición idéntica en pintura es la de Jackson Pollock o Mark Tobey, a quienes remite como ejemplo."

Creo entender a qué se refiere esta porción de análisis que realiza Pivano en la introducción. La manera en la que Kerouac cuenta su historia de amor, o la de Leo Percepied, con Mardou es el de un preciso instante, una vez que ha ocurrido y ha terminado. Con una sensación triste porque él la sigue amando pero teniendo en cuenta que era necesario. Siendo consciente que incluso en los momentos más intensos quiso dejarla, abandonar, y que seguramente en un futuro el dolor será más leve. Es probable que haya cambiado un mal sueño por una bella historia que contar en una novela pero también podría tratarse del mayor error de su vida.

Esta forma de contar la historia, una fotografía de lo que se siente en un instante, sólo es posible si se tiene el estilo de Kerouac y su dominio del tiempo. El jazz juega un papel importante en su literatura.

"Es en el jazz donde busca la base de su estilo, de su técnica e incluso de su punto de vista. En el decálogo de la prosa espontánea del que antes he hablado, Kerouac escribió bajo la voz «Procedimento»: «Dado que el tiempo es la esencia de la pureza del discurso, el lenguaje es un libre fluir de la mente en secretas ideas-palabras personales, un expresar (como hacen los músicos de jazz) el objeto de la imagen»; y bajo la voz «Método» escribió entre otras cosas: «No hagáis períodos que separen frases-estructuras ya confundidas arbitrariamente por falsos puntos y comas y por tímidas comas, en realidad inútiles, y servios en cambio de una enérgica abertura que separe la respiración retórica (igual que el músico de jazz toma aliento entre las distintas frases ejecutadas)»". F. Pivano.

Es el punto de vista lo que me atrae de la historia, más que la propia historia en sí, lo del cómo... Es ese ser omnisciente que lo sabe todo y encima sabe contarlo con el ritmo preciso para hacerlo en una inmensa frase subordinada. Con el ritmo adecuado para que el lector no acabe dormido o con un ictus cerebral. Supongo que de eso se trata el buen jazz, mantener las pulsaciones de alguien alteradas pero sin llegar a llevarle a una taquicardia o a la monotonía de las ochenta pulsaciones por segundo.

Lo que cuenta también resulta interesante. De nuevo, nos habla de la vida de unos artistas que tienen fe, en sí mismos y en la otra fe de los editores, y saben que serán publicados. La preocupación por el dinero es a corto plazo anteponiendo la bebida o la búsqueda de aventuras con otros artistas a tener un sitio donde dormir.

La vida de un beat caliente entre una comunidad de beats fríos que se enamora de una chica que es rechazada por uno de sus amigos más íntimos porque es negra y no ve que pueda tener un futuro con ella por ese motivo.

Puede que Leo se sienta más predispuesto pese al racismo de aquella época por ser también un ave rara, una minoría dentro de aquella banda de beats fríos. "Yo caliente, ellos fríos" dice cuando se colgó de Mardou y pensaba que ésta le miraba con repugnancia.


Julien Alexander es el ángel de los subterráneos; «subterráneo» es un nombre inventado por Adam Moorad, poeta y amigo mío, que dijo: «Son hipsters sin ser insoportables, son inteligentes sin ser convencionales, son intelectuales como el demonio y saben lo que se puede saber sobre Pound sin ser pretenciosos ni hablar demasiado de lo que saben, son muy tranquilos, son unos Cristos.»

No puedo decir si me ha gustado más que 'En el camino' o que 'Los Vagabundos del Dharma'. La sensación que me deja es parecida pero puede que aprecie más lo literario en cuanto al estilo de Kerouac. No es porque sepa más ahora que cuando leí los otros dos. La culpa, probablemente, sea de la introducción y del prólogo de Miller. Leerlos ha hecho que mi lectura fuera más lenta, acompasada. Será también eso del Jazz supongo, del que tan poco sé porque sólo reconocí, de manera explicita, la referencia a Thelonious Monk.

En cuanto la historia, tal vez me reconozca más en este Leo, más miserable y menos idealista, que en los alter egos de Kerouac de los anteriores libros. Sin perder por ello la sensación de estar leyéndola en un momento vital equivocado.

No sé si a estas alturas de la vida una lectura beat me pilla demasiado viejo o demasiado joven. En todo caso; demasiado tarde y con la sensación a cuestas de que cualquier edad es la equivocada para intentar ser un ángel y así poder elevarse de lo subterráneo.

"Y   yo me vuelvo a casa, habiendo perdido su amor.

Y   escribo este libro."




jueves, marzo 27, 2014

David Lynch y algo de música.

Antes de ayer, supuestamente, se cumplían los 25 años desde que se emitió el capítulo de Twin Peaks en el que Laura Palmer le decía al agente especial Cooper "I'll see you again in 25 years".



Siempre que pienso en la serie de Lynch se me viene a la cabeza la canción que pertenecía a la BSO de la serie de Julee Cruise llamada The Nightingale.


Inevitablemente también recuerdo, e incluso confundo, la aparición de la cantante en Fire Walk With Me, la precuela que posteriormente se rodó de la serie, cantando Questions in a World of Blue. Laura Palmer llora al escucharla y luego acepta un billete que le ofrece un cliente del bar. Es un buen resumen de la serie, tristeza y atajos.

También lloraban Naomi Watts y Laura Harring en el Club Silencio de Mulholland Drive al escuchar Llorando de Rebekah del Rio, La Llorona de Los Ángeles. Escena extraña en un todo más raro aún.



Y Llorando en realidad es una versión de Crying del gran Roy Orbison. The Big O. Otra debilidad de Lynch que no se limita a poner la canción de turno si no que la utiliza como instrumento de tortura para los personajes. Ayudado de un ambiente asfixiante, oscuro o sencillamente triste, Lynch los lleva al límite emocional.



En esa misma película el Terciopelo Azul lo ponía Bobby Vinton. versionado por la entonces pareja de David Lynch, Isabella Rosellini. Si antes Del Rio era La Llorona de Los Ángeles ésta es presentada como The Blue Lady en una ambientación que bien ser la del local resultante de la mezcla del bar de Twin Peaks con el Club Silencio de Mulholland Drive.

La cantante a la que la hija de la Bergman da vida bien podría protagonizar la película angelina de Lynch en el papel de camarera aspirante a estrella de musical holliwoodiense. Con todos sus clichés. Con su director influenciable de turno que dijera un pactado y forzoso "This is the girl" tras realizar su actuación y con su productor, que sólo puede responder con un confiado "Excellent choice".



Esa chica nunca preguntará ¿Por qué me has elegido a mí?, de la manera a la que Peter se lo hace a Alice en Lost Highway, por miedo a que el director no le sepa responder o le de unos cuantos motivos, puede que dieciséis, por los que habría elegido a otra en lugar de a ella.

Why me, Alice? Why choose me?.



Y tampoco sonará Song to the sirene tras la contestación. Lynch pensaba utilizar esta versión que The Mortal Coil hace del tema de Tim Buckley, padre de Jeff, en Blue Velvet. Ante la imposibilidad de hacerlo, temas de derechos, eligió a Julee Cruise, otro lugar común de la filmografía de Lynch.

Hablé de ella en Fire Walk With Me y de Twin Peaks. En este caso hace su aportación en Blue Velvet cantando Misteries of love, compuesta por Angelo Badalamenti inseparable de Lynch en la mayoría de sus producciones.

Termino porque esto es en sí una Carretera Perdida, en toda regla, que se bifurca en mil caminos. Lo hago con Bowie, nunca está de más traerlo a colación, y su aportación a Lost Highway. I'm Deranged, cooescrita entre Bowie y Brian Eno para el disco Outside que fue utilizada por Lynch en el comienzo y fin de la cinta.


martes, marzo 25, 2014

Be not so nervous, be not so frail

De nuevo The Walking Dead me sorprende. Primero lo hace como historia, no con este penúltimo capítulo de la temporada si no con el anterior donde pasa una de las cosas más bestias que jamás he visto en televisión. Luego destaca musicalmente, no es casual que este sea el tercer post en el que asocio la música de la serie con algunos de mis cantantes de cabecera.

Dos veces lo ha hecho con Tom Waits. La engañósamente frágil Beth versiona al cantante con dos de mis canciones favoritas, I dont wanna grow up y Hold On. En este penúltimo capítulo de la temporada lo hace con una versión de un tema de Bill Fay, llamado Be not so fearful. cantada por A.C. Newman.

Y no me pidan que les cuente mucho de Newman o de Fay porque fue ayer la primera vez que supe de ellos. Fue más bien la canción en sí lo que me llamó la atención. Lo primero qué pensé es que esa canción la había escuchado alguna vez y que posiblemente se tratara de una versión de algún tema de Wilco.

Confirmé una relación parecida a la que había imaginado tras introducir la parte de la letra, aquella que había entendido, en el buscador de Google.  Realmente no se trataba de una canción de Wilco. El autor era Bill Fay y Jeff Tweedy la había versionado con su grupo paralelo, Loose Fur. Está era una nueva versión llevada a cabo por A.C. Newman.

El caso es que la historia de Bill Fay es algo curiosa. Algo "Rodriguez" si se me permite el símil con  "Sugar Man". Fay grabó un par de sencillos en 1967. Posteriormente el mismo sello, Deram, le permitió grabar dos discos, Bill Fay en 1970 y Time of the last persecution en 1971. Ambos tuvieron muy poca repercusión y Deram rescindió el contrato con Fay. Éste entonces se dedicó a ser jardinero y a otras chapuzas varias para ganarse la vida como un tipo normal.

Ese parecía el final de la carrera del cantautor pero tuvo la suerte, o eso se cuenta, de que Tweedy encontrará uno de sus discos entre la colección de vinilos de su padre. Esto hizo que el de Chicago y sus bandas, Loose Fur y Wilco, versionaran Be not so fearful en muchos de sus conciertos.




Fue en uno de Tweedy en solitario donde escuché por primera vez la canción dentro del documental I'm Trying to break your heart. Parece que en uno de los conciertos de Wilco en las islas británicas, en el Sheperd Bush Empire de Londres, invitaron a Fay a subirse al escenario para cantar su tema y a partir de ese momento la carrera del británico se relanzó.

Antes de esta colaboración, que probablemente sirvió de motivación para lanzar el álbum publicado en 2012  el exitoso Life is people, Fay había grabado un disco de rarezas llamado Tomorrow, Tomorrow & Tomorrow gracias a unos productores, otros ladrones de vinilos paternos, que supieron apreciar la calidad de este artista olvidado.

En este último disco de Fay, Jeff Tweedy colabora en la canción This World e incluye una versión de la grandísima Jesus, etc de Wilco.



viernes, marzo 21, 2014

'Todo el amor y casi toda la muerte' de Fernando Marías.

Nada más encender el ordenador me he topado con una noticia que mentaba a Fernando Marías. Se trataba de su participación en un manifiesto contra la ley del aborto. No tiene importancia pero me ha parecido un guiño gracioso porque anoche terminé de leer una de sus novelas y hasta que me puse con ella no sabía nada de él.

Claro está que él tiene una trayectoria literaria que no se ha visto afectada por el hecho de que yo le leyera o no. No ha surgido como el hombre aquel que brotaba de la tierra en 'Amanece que no es poco'. El caso es que tuve la suerte de toparme con esta novela buscando alguna que no hubiera leído aún de Javier Marías.

El título me atrajo, 'Todo el amor y casi toda la muerte', casi nada. Amor y muerte, casi toda, no se le puede pedir más a un agonizante invierno. Decidí meterme de lleno en este libro, sin referencia alguna y con cierta sospecha de decepción ante tan buen título. Las expectativas...



Ha resultado una grata experiencia. Hacía tiempo que un libro no me enganchaba de esta manera por lo que contaba, eso que digo siempre de los libros del qué y los libros del cómo. La manera en la que lo cuenta no desentona con la enrevesada historia. Lenguaje muy cuidado y algo complejo sin llegar a enredar aún más la trama.

La historia se desarrolla en dos épocas, los principios de siglo XX y XXI. Un poeta asesino que regresa de la guerra de Cuba y la historia del robo a unos mafiosos y posterior huida. Todo unido por la investigación de un joven que acaba de morir sobre la historia del poeta en base a su única novela: 'Todo el amor y toda la muerte'.

No voy a desgranar la historia. Sólo destacaré la forma en la que está contada. Su estructura es quizá lo mejor de la novela. Hay que tener mucho dominio a la hora de mezclar tantas tramas en tantas épocas y desde el punto de vista de tantos personajes sin que al final quede un producto lleno de fisuras o agujeros. En el caso de Marías el resultado es bastante redondo.

Esto lo he encontrado en otras novelas (Chirbes, Faulkner, Gabo...) y creo que la clave del éxito está en incidir en los hechos claves de la historia. Envolverlos en las voces y miradas de todos los presentes. Esto no es fácil porque la línea divisora entré contar bien una historia y resultar pesado es muy delgada y poco identificable.

Sé que estoy mezclando churras con merinas pero un ejemplo negativo, de lo de resultar pesado (al menos para mí), podría ser 'La verdad sobre Harry Quebert'. Esta novela de Marías, Fernando, es mucho mejor que el gran éxito literario de los últimos tiempos. Siendo honesto tampoco es comparable a Chirbes o Faulkner, pero es posible que algún día sí lo sea. El estilo de éstos es mucho más interesante y el relato es más fluido aunque cuenten una historia menos interesante. Simplemente la forma de contarla la hace atractiva. En esto, o eso es lo que yo busco con más pena que gloria, estaría el quid de la literatura.

En todo caso ha sido una buenísima lectura. Una interesante historia que por momentos se hace muy real y en otros se hace muy fantástica sin dejar de parecer la misma obra. Buen estilo con un lenguaje muy cuidado. Este estilo del que hablo es bastante claro y definido y puede que por ello chirríe, esta sería una de las pocas pegas que le pongo al libro, que las partes de la obra del poeta asesino sean muy parecidas a las del resto del relato. Ésto era mucho más absurdo y evidente en el caso de la novela de Joël Dicker.



Gran descubrimiento el de Fernando Marías. Será un escritor, una vez surgido en mi plantación, al que sin duda seguiré la pista.

Uso una cita de Moby Dick, que usé hace poco en un relato en el que también me obsesiono con el mar (a mi manera porque cada uno tiene la suya propia).

"No hay nadie que no experimente, en alguna ocasión u otra, y en más o menos grado, sentimientos análogos a los míos respecto del océano. "



Imagen de la portada de mayte.irunet.com
Imagen de mi destrozado Kindle.

jueves, marzo 20, 2014

Liberación en un sueño

Hoy me he despertado alterado y confuso. No sabía si acababa de tener un sueño o una pesadilla. Si narro la historia se puede pensar que, sin duda, se trataba de una pesadilla porque el sueño era en sí mismo una recopilación de elementos que parecían sacados de una antología de literatura de terror formada por Poe, Lovecraft, Bierce o Chambers.  

Yo estaba en Londres o Berlín. Es el tipo de dato importante que no logras saber y que hace que te des cuenta de que estás en un sueño. Allí me encontraba con una chica. De alguna forma habíamos quedado en hacerlo en una de esas ciudades pero sin establecer una fecha, el desencadenante de aquel encuentro era la muerte de alguien. 

No había nada de romántico en aquella cita porque estábamos en un entierro. No era uno al uso porque eran dos las personas a las que se les iba a dar sepultura. Uno era mi abuelo pero no se trataba de ninguno de mis dos abuelos reales, de los que apenas tengo conciencia porque murieron hace mucho tiempo,  si no el de mi yo alemán o inglés de aquel sueño.  

El otro muerto era una mujer que debía tener algún tipo de relación con ese abuelo porque los enterraban al mismo tiempo y en tumbas contiguas. En la lápida de mi abuelo no había ningún nombre escrito, como si hubiera dejado una viuda o como si nunca hubiera estado casado, o incluso enamorado. Quizás aquél yo fuera su única familia en aquel sueño, una especie de sucesor y predecesor al mismo tiempo.  

En la tumba en la que iban a enterrar a la mujer estaba el nombre de un alemán, uno acabado en “berger”. Steinberger, Luttenberger o algo así. Los hombres que transportaban el féretro de la mujer me pidieron, ahora lo recuerdo en castellano pero puede que fuera en otro idioma, que les ayudara a depositarlo en la tumba. Al levantar la lápida que tenía aquel nombre alemán escrito un siniestro aullido resonó proveniente de aquella profundidad.  

Todo sucedió muy rápido, si lo comparamos con la eternidad que vino después. Un lobo saltó del interior de aquella tumba, ya destapada, y se abalanzó sobre mí. No tuve posibilidad alguna de reacción al estar cargado con aquel muerto.  


Todo fue oscuridad durante mucho tiempo, sólo medible en el mundo difuso de aquel sueño, hasta que una rendija de luz apareció de la nada. Justo antes de despertar me vi aullando. Saltando hacia aquella luz y sintiendo la mayor sensación de libertad que jamás he experimentado.