lunes, septiembre 29, 2014

'Boyhood' de Richard Linklater

Este proyecto, más que rodaje, de Richard Linklater (Antes del Amanecer/Atardecer/Anochecer, Waking Life,..) comenzó allá por 2002. Por aquel entonces Coldplay era un grupo que empezaba a despuntar con su genial Parachutes. De ese año son las primeros minutos de la película, Mason, Ellar Coltrane, está mirando al cielo mientras suena Yellow.




Todas las estrellas, y cámaras, brillan para ese niño despistado que pierde mucho tiempo mirando por la ventana y que olvida entregar sus deberes al profesor porque éste no se los pide expresamente.

Año tras año, hasta llegar a 2013, se graba, durante un par de semanas, su evolución. Evolución física, es un niño que crece, engorda, se cambia de peinado y estilo porque es también su personalidad la que evoluciona y define en base a lo que le rodea, a lo que sus padres, interpretados por Patricia Arquette y Ethan Hawke, le enseñan y a las situaciones provocadas por éstos a las que debe amoldarse.

A Mason se le mezclan las cosas típicas (las putadas que su hermana mayor le hace, dudas sobre cualquier aspecto, amistad, chicas, búsqueda de un destino que pase por hacer aquello por lo que crees que tienes talento) con otras más atípicas que son consecuencia de las decisiones de sus padres.

Su madre decide estudiar psicología, ser profesora, encontrar un nuevo marido que sea más maduro de lo que era el padre de sus hijos. Consigue todo esto dando ciertos tumbos sentimentales que provocan mudanzas, huidas que alteran la vida de Sam y Mason.

Su padre tiene una mentalidad artística que le hace parecer inmaduro. Un padre utópico que habla a sus hijos como si fueran adultos, que les pide sinceridad hasta que son ellos los que empiezan a hacer preguntas. Con los años el padre utópico, se vuelve algo tópico porque "vivir es caro" y a veces se hace necesario ser adulto y, hasta cierto punto, responsable.

Es difícil hacer una especie de recap, estoy empezando a odiar este término, de una película de dos horas y cuarenta y cinco minutos que en realidad son once años. Puede que lo mejor ser hacer como en esa escena de La gran belleza; colocar las fotos del niño, hechas día a día, todas juntas y ver como éste cambia.



Lo más efectivo, sin duda, es hacer una foto del antes y del después, de los 400 golpes a los Besos Robados. Una madre llorando, mientras suena Summer Soon de Jeff Tweedy, porque su hijo se marcha a la universidad. Ella ha cumplido sus sueños pero está igual de perdida que cuando sonaba el Yellow de Coldplay mientras el niño miraba las nubes.



"Lo siguiente es mi entierro", dice, saltándose cuarenta años, viene a decir su hijo. Parecen estar en diferentes películas, ella está en una posterior a Antes de la medianoche y no entiende, una actitud muy de madre, que está siendo egoísta porque está estropeando el particular Antes del amanecer de su hijo.

Éste se marcha a la universidad con una caja en la que están todas sus cosas, ésta pesa más tras haber visto llorar a su madre. Allí conoce a su compañero de cuarto que debe ser bastante parecido a él, por su actitud y porque un ordenador lo decide en base a sesenta preguntas. Éste le invita a un paseo para ver ponerse el sol junto a otras dos chicas.

En pleno atardecer vemos la última escena. Ésta parece una copia de aquella que ocurría en una tienda de discos en Viena. Mason y la chica repiten ese juego de miradas de Jessie y Celine. Un nuevo amanecer, el de la vida adulta que puede que choque con el anochecer de su niñez.


Estos juegos de palabras con amaneceres, atardeceres, etcétera, resultan muy repetitivos y son una referencia demasiado obvia que me ha resultado imposible evitar. Además son términos poco precisos porque la vida está llena de etapas con sus inicios, con sus luces, finales y oscuridades. Todo depende de contar qué ocurre en un determinado momento y acompañarlo siempre de un contexto.

En el caso de esta película el contexto de Mason son sus padres, su hermana, la fotografía y todas las mudanzas que hace a lo largo de su breve vida. Con su anterior trilogía, Linklater utilizaba como contexto una ciudad europea que se acompaña de otras muchas cosas latentes que poco a poco son sacadas a la luz, como si fueran psicólogos, en los diálogos de los protagonistas.

Al fin y al cabo son hitos que, unidos con una línea, construyen una historia coherente. Es complicado y arriesgado hacerlo, dar linealidad usando esos hechos junto con otros más normales que nos pueden parecer comunes y que si los reflejáramos en nosotros mismos no los consideraríamos importantes.

Analizamos cada momento importante, recuerdo, y le damos cierto sentido. No siempre hay que buscarlo porque a esa edad son consecuencias de acciones de otros, y lo ponemos en el montón en el que almacenamos el resto de las cosas que nos han pasado. Creo que esto lo hace muy bien Linklater, la vida de un niño no deja de ser paja, en el sentido de relleno, y cosas que les pasan a nuestros padres.

Nos hemos tragado minuto a minuto la película de nuestra vida y estoy seguro de que si tuviéramos que elegir veinte minutos de cada año nos saldría un churro de película. Sería aburrida y poco sincera. Linklater lo hace interesante aunque bien es cierto que nuestro guión no está escrito de la manera adecuada, no juntaríamos ni media hora de conversaciones interesantes con frases geniales de por medio. Imagino que esto podría retocarse, total...

La música es importante en esta película, de nuevo es utilizada como parte del contexto temporal, junto con la tecnología. Cada canción que aparece es más actual que la anterior conforme la historia avanza. En cierta forma acompaña a mi propia trayectoria.

En la época que en la que suena ese Yellow yo estaba enganchado a ese recién descubierto disco de Coldplay, Parachutes. Acababa de empezar la carrera, estaba en mi propio post-Boyhood que prosigue hasta estos días. Desde ese 2002 hasta ahora han pasado por mi día a día muchos de los grupos que aparecen en el filme; Coldplay, Cat Power, Kings of Leon, The Black Keys, Arcarde Fire, Wilco.

Parece que Linklater durante todo el metraje trata de demostrar una evolución musical para volver, casi al final, a una revindicación de Los Beatles como el padre y la madre de la música.

Emocionante, en particular, es el speech que Ethan Hawke le hace a Mason sobre las cuatro personalidades que conviven en Los Beatles. Cómo después de haberse separado consiguen parecer de nuevo una banda, si se ponen sus canciones en un orden concreto, en ese disco negro que le regala a su hijo.

También me encantan los dos momentos Wilco de la película. El primero cuando el personaje al que interpreta Hawke le hace escuchar a su hijo I hate it here y le dice que escuche y aprecie la canción:

"Listen to this song. Traditional song lyrics and "country" traditional old school. Listen to the quality of production. It's like ... "Abbey Road" , You know, the woman left. Traditional, uncool. "

En este sentido también me sentí calado porque fue el disco que contenía a esta canción, Sky Blue Sky, el que me hizo amar a la banda de Chicago.



El segundo momento ocurre cuando Mason se marcha a la universidad y ve a su madre llorar. Empieza a sonar de fondo el Summer soon del nuevo disco de Jeff Tweedy en solitario, con su hijo Spencer como batería.

La canción tiene su significado en esa escena porque en su estribillo dice algo así como que nunca abandones el vientre de tu madre a menos que quieras ver lo fuerte que un corazón roto puede desmayarse. O algo así, si alguien ve una traducción mejor por favor que la comparta. El niño, ya casi hombre, abandona por segunda vez el vientre de su madre.

De nuevo me veo calado; es el cierre perfecto a lo que sería mi personal trayectoria musical. Empezando con Coldplay, lo anterior a esto me lo callo por vergüenza, y terminando con una canción del solista de Wilco. Son referencias que siento muy mías ya que, por ejemplo, he visto a ambos en directo. Son lugares comunes que no dejan de resultar privados. Cosas que nos pasan a muchos, pero no a todos.

Mis expectativas, eran altas, pero quedan totalmente cubiertas. De nuevo agradecer a Linklater su esfuerzo por ir un poco más allá sin que esto pase por cambiar el formato o por pasarlo a 3D. Destacar la grandísima interpretación de Patricia Arquette, la mejor sin duda de la película, que merece que se la saque de su particular olvido, o que por fin se le permita entrar al ese cada vez más reducido grupo de grandes actrices de mediana edad. Por suerte se puede disfrutar de ella semanalmente en Boardwalk Empire.

Sigamos creciendo...




miércoles, septiembre 24, 2014

Resituación

La vida te lleva por caminos raros, dice Quique González. La vida te lleva por caminos raros, canta Diego Vasallo, versionando la canción de Quique con cierto sabor a vals y con una voz mucho más ronca y, quizás, dura.

A veces eres tú el que llevas a la vida por caminos raros. La complicas con decisiones poco comprensibles a ojos de gente muy lúcida y práctica. Quiero pensar que tienen razón aquellos que dicen que en el momento en el que entras  en la zona de confort estás muerto, o algo parecido. Será por eso que me he matriculado en una carrera, una de letras, en la universidad a distancia, por aquello de compaginarlo con el trabajo.

Igual no me hacía mucha falta porque al fin y al cabo soy ingeniero, técnico pero al fin y al cabo ingeniero, y no voy a aprender muchos conocimientos que aporten un plus al tipo de trabajo que desempeño. Tampoco sé si me será útil a la hora de escribir o, incluso, pensar.

De hecho, dudo mucho que vaya a terminarla porque sé de otra gente, más inteligente y aplicada que yo, que no lo ha conseguido. Ha dejado esa segunda carrera y ha vuelto a su puesto de trabajo sin hacer de aquello un drama, dando dos palmadas y diciendo "aquí no pasa nada".

Y realmente no pasa porque como mucho has perdido dinero y tiempo. Ambas cosas las ibas haber perdido igual en otras cosas menos útiles o simplemente las habrías destruido no haciendo nada; sólo viviendo. Como dice Yukio Mishima: "vivir y destruir son sinónimos" (estoy en plena lectura de El Pabellón de Oro).

Al menos espero que esta carrera sea una buena excusa para borrarme de citas a las que no quiero ir. Algo parecido a lo que hacía Larry David cuando, en su serie, se le muere la madre y utiliza ese luto para escaquearse de los bodrios a los que le invitan. Será mi excusa perfecta, mucho más amable que la de David y casi tan creíble; "Lo siento pero tengo que estudiar para mis exámenes". Tras colgar, dos palmadas y "aquí no pasa nada". 

La otra novedad de esta temporada es que voy a colaborar con una web dedicada a la televisión haciendo recaps (desgranando capítulos) de dos series; The Good Wife y Constantine.

De la primera soy un fanático y la llevo siguiendo desde el primer día. He hablado aquí de ella y ya hice, y publiqué, el primer recap. El caso es que me costó mucho escribir ese artículo porque creo que ha sido el más complejo de la serie, en mi opinión. Además no sabía bien que punto de vista tomar, uno objetivo o dejarme llevar por el forofismo.

La opción correcta era la primera y así hice, conté de forma, más o menos, ordenada qué había sucedido en ese episodio. Lo difícil era dar un contexto a aquello con lo ya sucedido en las cinco temporadas anteriores.

Al final del extenso desglose añadí mis opiniones, positivas y negativas, al respecto del capítulo y de la serie sin resultar polémico o forofo. Es una página muy visitada y no estaba de humor para recibir críticas de gente anónima. Tampoco conozco el target de la audiencia que la visita porque en la portada lo mismo te ponen a uno de Gran Hermano que a Punset.

Además sabía que iba a cometer fallos, si visitas el blog de forma asidua sabrás de qué tipo: errores en los nombres, en hechos, rigurosidad de los datos, repetición de palabras y alguna que otra falta de coherencia. Y bueno; no surprises...

Encontré muchas incoherencias en el primer borrador que había enviado y tuve la suerte de mandar una segunda versión corregida antes del publicado definitivo. Pese a esta revisión equivoqué uno de los nombres. No era el de un secundario sino el más repetido en la crónica; en lugar de Florrick escribí cien veces Florick. El primer comentario en la entrada así lo señaló y rápidamente se corrigió por un administrador.

Lo gracioso es que si visito el primer post que escribí sobre The Good Wife, el catorce de mayo de 2012, veo que Florrick está bien escrito aunque el artículo no esté del todo bien, siendo generoso.

Luego lo de siempre; vuelves a leer y de nuevo ves cosas que podrías mejorar, menos repetición de algunas palabras o describir alguna cosa de una manera más ingeniosa. En fin, the deed is done.

De Constantine, no tengo ni idea pero me muero de ganas de que sea horrenda pero divertida para poder cambiar el registro que creo que TGW merece.

Ésta es la primera vez que me pagan por escribir, de forma bastante simbólica, y mi recap salía en la portada junto a otra noticia, sobre otra buena esposa, que tenía como título: 'María Lapiedra: "Ya no enseñaré más los pechos en televisión, estoy en otro rollo"'.

En fin, un paso de tortuga más que sumado a otros me hace decir con menos vergüenza el mantra que le robé a Bolaño: "Yo nunca abandono. A veces soy lento y a veces soy rápido, mitad tortuga y mitad Aquiles, pero nunca abandono".

Creo que tendré un año poco aburrido. Sólo espero que estas cosas nuevas no machaquen las buenas que mi versión anterior tenía, básicamente lo de leer y poco más. Si acaso que machaque alguna mala aunque en ese sentido ya poco espero. Al final la canción no cambia, puede que cantada de manera distinta, más lenta, más rápida pero la letra es la misma porque nos aseguramos de que los caminos sigan siendo raros.






lunes, septiembre 15, 2014

'El Graduado' de Mike Nichols

Siempre he pensado que Simon & Garfunkel eran unos plomazos de mucho cuidado. No entendía la desesperación de Larry David, en un capítulo de su show, por verles en concierto. Ayer entendí viendo El Graduado que su música pudo significar mucho para una generación.




Imagino que la mayoría de sus fanáticos tenían la edad del joven Dustin Hoffman y ahora muchos deben haber sobrepasado la edad de la interesante Anne Bancroft. A mí, reconozco como si fuera un pecado, empiezan a gustarme cuando me encuentro en terreno de nadie, uno muy interesante en el que aún queda físico para jugar a ser Hoffman o Bancroft, según interese.

Desde ese punto veo esta gran obra de teatro que es 'El Graduado'. Excelentes diálogos y personajes que en hora y media de metraje calan en el espectador con sus gestos, manías o simplemente por la voz. Ese "Hello Benjamin" de Mrs Robinson se queda marcado a fuego en mi cabeza al igual que los gritos, ¡Elaine!, y golpes al cristal de Hoffman cuando intenta impedir una boda que ya se ha celebrado o el increíble chillido que Elaine Robinson pega en la habitación de Ben en Berkeley.

Luego esa huida, con novia a la fuga incluida, en el asiento trasero del autobús. Final perfecto con esas miradas de miedo donde antes sólo había risas. En esas caras está todo lo que viene después del Happy End que ya no es parte de la historia de la película, es otra cosa que debe estar presente en la mente del espectador sin necesidad de que se lo recuerden.



En los detalles está también lo bueno de esta película y el sello de Mike Nichols (Quién teme a Virginia Woolf). Está el humor cuando Ben pide bourbon y el señor Robinson le pone un escocés o en los saludos que recibe cuando va al hotel con la hija de su amante.

Película imprescindible que ha sabido envejecer. Esto no se elige cuando uno pone por escrito cualquier tipo de historia. Imagino que es cuestión de sencillez, naturalidad. De no buscar la perfección, sólo contar bien una historia y saber ponerle fin, sobre todo esto último.

Por darle un nexo con las obsesiones generales del blog, reconocí en la imagen final de Ben y Elaine en el bus una pequeña parte del videoclip que Jonás Trueba realizó para La gran broma final de Nacho Vegas. Se trataba, ya hablé en su día de aquello, de un collage de escenas de películas románticas, a lo Cinema Paradiso, que el más joven de los Trueba había seleccionado o rescatado de su memoria.



He vuelto a ver el videoclip y no aparece ese plano sino el de Dustin Hoffman golpeando el cristal de la iglesia. Una torpeza más mía que se soluciona con una coincidencia, Se podría decir que no tengo mucho rigor aunque no suelo ir muy desencaminado... Al final da igual porque pierdo todas las apuestas.



viernes, septiembre 12, 2014

'La Saga/Fuga de J.B.' de Gonzalo Torrente Ballester

Empecé hace un par de semanas, casi tres, esta novela y por fin la he terminado. No es un mala marca, digamos, porque es un libro que tiene 701 páginas y puede ser equivalente a tres o cuatro novelas de tamaño estándar y durante estas tres semanas he estado muy ocupado por temas de trabajo y también algo despistado con tonterías varias.



El caso es que se me han hecho eternas estas semanas y esta lectura. Con esto no hablo mal de la novela de Torrente Ballester porque ha sido una verdadera delicia y un auténtico reto porque no es que sea de lectura sencilla.

La novela habla sobre una serie de personajes, cuyas iniciales son J.B., que viven en Castroforte del Baralla. Un pueblo imaginario o que, vete tú a saber, hace tiempo existía pero ya no porque alzó el vuelo y se perdió entre las nubes.

Me resulta complicado hablar de la novela porque ya digo que es compleja, con un personaje central cuyo cuerpo, literario, sirve de canal para contar la historia de Castroforte y de los distintos J.B.s que existieron en su historia.

En estos viajes (J)osé (B)astida, es el canalizador digamos, interactúa con diferentes personajes que podrían considerarse lugares comunes de la historia. Una amante, una mujer, un cura que sigue un mismo patrón de comportamiento y un mismo baremo a la hora de jugar un comportamiento ajeno. Todo un contexto rodea al J.B. de turno materializado en  (J)osé (B)astida.

Es, quizás, la obra más original con la que me he topado. Más allá de Cortázar, Borges u obras de estructuras no lineales. Una especie de locura en la que tienes que estar atento porque poniéndolo todo en orden tiene todo el sentido del mismo. Puede que sea eso que un J.B le dice a otro J.B. sobre sonar verídico o sonar real. No tiene por qué ser la misma cosa.

La descripción crítica de la obra la hace uno de los personajes en las hojas finales de la novela. (J)acinto (B)arallobre dice sobre el relato que (J)osé (B)astida le acaba de hacer, juzgándolo como si de una obra escrita se tratara.

 «¿Quiere, pues, que le juzgue como novelista?» «A condición de que considere mi cuento como novela autobiográfica.» «De eso, ya hablaremos. Vamos, antes, con la novela. Que es de usted, no cabe duda, a juzgar por el modo embarullado que tiene de contar las cosas, ese modo desordenado, fragmentario, que más obedece a un capricho o a una asociación momentánea que a un plan preconcebido y artístico. No es que yo no admita modos de contar distintos del cronológico y lineal. Pero el de usted, no siendo esto, tampoco es lo otro, sino que se queda a mitad del camino, con un falso aire de espontaneidad, pero demasiado ligado a su carácter para que sea realmente artístico.»

 «...Usted se empeña en dar importancia a la forma, y yo a la materia.» «A la que también le llegará su hora, pero cuya falta de autenticidad se revela también en la forma...»

La histórica pelea entre la forma y la materia, yo lo llamo el cómo y el qué, que Torrente mezcla como un maestro. Jugando con el lector, como queriendo probar que ha estado atento durante todo el relato. Informando al lector apresurado que puede saltarse x's hojas si lo desea porque va a contar un discurso que poco tiene que ver con la historia.

Una novela de detalles de mucho humor, no pude contener la risa con la historia del loro que contaba una historia cuando empezaba a sonar una determinada canción o su conversación con otro loro que resultaba ser lora. La propia invención del lenguaje o muchos debates filosóficos que suenan a juegos de palabras (o viceversa.).

"Siempre me acuerdo de unos versos que leí en un libro de un poeta judío: «Ella era amable, y él la amaba; pero él no era amable y ella no le amaba». Para mí (y no digo para los demás), ahí se encierra todo el secreto de los dramas amorosos, o, al menos, del mío. Ellas son amables, y las amo; yo no soy amable, y no me aman."

En fin, una genialidad de Gonzalo Torrente Ballester.



También destacar el marco en el que sucede todo, Castroforte del Baralla. Aunque no exista en el mapa sí que existe como concepto extraño utilizado por los amantes de esta obra para reconocerse entre sí.

Así lo usaba Manuel Jabois cuando hablaba sobre mi añorado Xabi Alonso.

"Si hay algún club en el mundo que pueda llevar un dragón en la camiseta es el Real Madrid". La frase de Florentino en Lisboa tenía todo el componente de realismo mágico de los pueblos que, como Castroforte del Baralla, empiezan a levitar en el cielo.

Es también un modo de contar algo real pero que es poco creíble o narrar algo increíble dentro de un contexto muy real. Eso, Realismo mágico, la propia expresión lo dice.

También podría ser tomado como ejemplo de territorio que quiere independizarse. Si todos sus habitantes están de acuerdo pueden pensar en ello y entonces éste alzará el vuelo y podrá ser, por fin, eso que tanto añora...

jueves, septiembre 11, 2014

Ritos, oraciones, animales submarinos, civilizaciones sumergidas, sirenas y ballenas.

Uno hace algo malo, se siente culpable y lo único que quiere es desaparecer de este mundo o, en su defecto, irse lo más lejos posible. Eso hice, cogí carretera y manta o, mejor aún, me hice a la mar con los bolsillos de mi abrigo rebosantes de piedras, como Virginia Woolf, por si aquella huida no terminaba bien o por si las voces de culpabilidad que retumbaban mi cabeza no callaban.

En ese extraño viaje en barco no encontré el silencio que buscaba pero al menos el tiempo, el fuerte olor a sal y el ruido del oleaje hicieron que esas voces resultaran comprensibles. Entendí qué pretendían; dictarme una novela. Mientras ponía en papel todo lo que me decían sobre la culpa conocí a un viejo pescador británico que iba a una ciudad costera, a la que el barco se dirigía, en busca de trabajo. Era hijo y nieto de marineros y conocía todas las leyendas que sobre el mar existían; náufragos, ritos, oraciones, animales submarinos, civilizaciones sumergidas, sirenas y ballenas.

 La que más me caló, la única que recuerdo, era aquella que decía que antes de iniciar la temporada de pesca debías lanzar al mar una moneda de oro gritando una extraña oración para que el mar algún día te lo devolviera multiplicado por cien.

 El viejo entonces cogía cualquier cosa que tuviera a mano y la lanzaba mientras la gritaba:

 "We sprinkle the sea with gold, and the sea gives it back to us a hundredfold"

Yo no tenía nada que decir ni nada que lanzar por la borda así que me limitaba a leer fragmentos de aquel extraño ensayo sobre la culpa que las voces me habían dictado. Que el viejo, por lo general, estuviera borracho y que yo leyera en mi idioma materno no ayudaba a que él comprobara lo rara e incomprensible que era la que posiblemente fuera peor ópera prima de la historia.

Lo que leía era tan deprimente y yo me sentía tan culpable que reconozco que más de una vez metí las manos en los bolsillos para comprobar que el plan B de aquella huida seguía en marcha; las piedras seguían ahí. Así hasta que en un arranque de optimismo saqué una del bolsillo y la envolví en una de las hojas de la novela. Cogí impulso y la lancé todo lo lejos posible al mar mientras gritaba aquella frase que el viejo borracho me había enseñado. Éste, al verme, se vino arriba y no dejaba de pedirme piedra y papel para hacer lo mismo que yo.

Fue entonces cuando el mar empezó a cumplir su promesa. Lo hacía multiplicada por tres como venganza tras comprobar que aquello no era oro sino piedra envuelta de mala literatura. Vomitaba, sin parar, pedruscos a borbotones. Éstos subían a la superficie y saltaban como si fueran salmones para de nuevo sumergirse y así caer depositadas en el fondo sobre las piedras anteriores.

Al cabo de pocos minutos, piedra tras piedra, se creó una pequeña isla. Me lancé del barco hacia ella mientras que el viejo, que ya tenía algo nuevo qué contar, no paraba de reírse de la misma forma en la que me estoy riendo ahora cuando pienso en eso de no hacer una montaña de un granito de arena.

El tiempo, el sol, la sedimentación de las olas y la lluvia hizo de ese atolón algo habitable. Pájaros, peces, árboles, y yo, un Robinson Crusoe sin pisadas en la arena, sólo las marcas que las piedras dejaban al ser lanzadas por aquellos culpables que intentaban quitarse peso de encima lanzando piedras al mar, como decía la leyenda que habían escuchado a aquel viejo pescador borracho.

jueves, septiembre 04, 2014

Bruxismo

No puede dormir y en lugar de contar ovejas cuenta sus problemas uno a uno. Termina pronto con los que son reales y empieza a hacer la cuenta de otros imaginarios.

En una de éstas el chico se duerme y sueña que sigue sin poder dormir. Todo es más raro aún porque en ese sueño está desvelado y sudando pero en el mundo real el ventilador está encendido y apuntando a su cabeza.

Ocurre con ciertas mezclas; frío, calor, sueño, realidad o droga con alcohol. ¿Está bailando o es epilepsia?; Los ojos cerrados, los dientes castañean y los pies se mueven solos. No sé si hay música, no sé hasta qué punto hace calor. El pelo se mueve ante las sacudidas de algo que se mueve en su interior

Cuando suena el despertador lo que se movía se ha perdido y sobre la cama sólo hay un tipo de lo más normal que se toca la mandíbula.



viernes, agosto 29, 2014

Le vent nous portera

Escuché esta canción en la película  Café de Flore. He de decir que en ese momento no me interesó mucho e incluso pensaba que era una versión de la canción que daba nombre a la película, una versión a la que habían añadido letra. Las dos canciones ni se parecen pero cuando no prestas mucha atención tienes este tipo de confusiones.

La canción que aparece en la película está interpretada por Sophie Hunger. Se trata de una versión pues la canción fue compuesta por Noir Desir, una banda francesa. Manu Chao colabora tocando la guitarra.

Ambas versiones son muy diferentes. La de Hunger es mucho más melódica, la dulce voz de la cantante la transforma en otra canción, la aleja de la original mucho más étnica, con un ritmo muy diferente, no sé si podría denominarse Ska con cierto toque rock (o viceversa).

La letra, claro, sí que es la misma. En las primeras escuchas no entiendes prácticamente nada aunque sepas algo de francés. Si que pillas frases como Taxis a las galaxia, el viento nos llevará o palabras sueltas como cromosomas o perfume que puestas así, una junto a la otra, no consiguen tener mucho sentido.

Luego buscas la letra y más o menos te quedas igual porque tu nivel de francés da para lo que da, que es bien poco. Buscas traducciones y tienes la suerte de que a alguien también le dio por la dichosa canción.
La letra la encontré en un blog llamado Teoría del Caos que, cómo no, recomiendo.

Je n'ai pas peur de la route 
Faudrait voir, faut qu'on y goûte 
Des méandres au creux des reins 
Et tout ira bien là 
Le vent nous portera

Ton message à la Grande Ourse 
Et la trajectoire de la course 
Un instantané de velours 
Même s'il ne sert à rien va 
Le vent l'emportera 
Tout disparaîtra mais 
Le vent nous portera

La caresse et la mitraille 
Et cette plaie qui nous tiraille 
Le palais des autres jours 
D'hier et demain 
Le vent les portera

Génetique en bandouillère 
Des chromosomes dans l'atmosphère 
Des taxis pour les galaxies 
Et mon tapis volant dis ? 
Le vent l'emportera 
Tout disparaîtra mais 
Le vent nous portera

Ce parfum de nos années mortes 
Ce qui peut frapper à ta porte 
Infinité de destins 
On en pose un et qu'est-ce qu'on en retient? 
Le vent l'emportera

Pendant que la marée monte 
Et que chacun refait ses comptes 
J'emmène au creux de mon ombre 
Des poussières de toi 
Le vent les portera 
Tout disparaîtra mais 
Le vent nous portera

No le tengo miedo al camino, 
Habrá que ver, habrá que probar, 
los meandros del hueco de la espalda 
y todo estará bien. 
El viento nos llevará.

Tu mensaje a la Osa Mayor 
Y la trayectoria del viaje 
Un instante resplandeciente 
Incluso si no sirve para nada 
El viento triunfará. 
Todo desaparecerá pero 
El viento nos llevará.

La caricia y la metralla 
Y esta herida que nos lastima 
Los palacios de otras épocas, 
De ayer y de mañana, 
El viento los llevará.

La genética al hombro 
Los cromosomas en la atmósfera 
Los taxis para las galaxias 
¿Y qué de mi alfombra mágica? 
El viento triunfará. 
Todo desaparecerá, pero 
El viento nos llevará.

Este perfume de nuestros años muertos 
Aquello que puede tocar a tu puerta 
Una infinidad de destinos 
Se elige uno ¿y qué es lo que queda? 
El viento triunfará.

Mientras que la marea sube 
Y cada quien rehace sus cuentas 
Llevo al hueco de mi sombra 
El polvo de ti 
El viento se los llevará 
Todo desaparecerá, pero 
El viento nos llevará.

miércoles, agosto 27, 2014

The Fault In Our Stars

Este fin de semana vi una película, The Fault in our stars, en la que hablaban de infinitos. En una de las escenas un histérico William Dafoe, daba vida a un escritor que residía en Amsterdam, gritaba a un par de chicos algo así como que había infinitos más grandes que otros. Lo repite varias veces hasta que los chicos salen a la calle asustados y cierran la puerta.



Ambos jóvenes, chica y chico, tienen cáncer y se han conocido en un grupo de ayuda para jóvenes que padecen esa enfermedad. Nada más conocerse ella le presta el libro del escritor que les acabará echando a golpe de gritos de su casa. El libro se llama Un dolor imperial y parece que trata sobre la relación entre un padre y una niña enferma de cáncer.

Parece que al final la niña del libro muere mientras está recitando un poema, dejándolo a medias. La chica, se llama Hazel Grace, tiene dudas sobre ese final, sobre qué ocurre sobre los personajes que no mueren en la historia. El chico, se llama Gus y tiene una pierna amputada, consigue que puedan viajar a Amsterdam para hacerle esa pregunta al escritor.

Cuando van a Amsterdam se encuentran con que el escritor tiene el cuerpo de William Dafoe. Por si eso fuera poco, también es alcohólico y tiene muy malas pulgas. Es entonces cuando se pone a gritar eso de los infinitos y los pobres chicos se largan diciéndole de todo.

Visitan tras esto la casa de Anna Frank, cosa que me gustó porque creo es lo único que no he visitado en Amsterdam al haber siempre mucha cola para pasar, luego pierden la virginidad, los dos porque no es fácil perderla cuando tienes que ir a todos lados con una bombona de oxígeno o con una pierna amputada.

Al día siguiente el chico le dice que va a morir en poco tiempo porque en los últimos análisis su cuerpo parecía un árbol de Navidad. Lo dice así, tal cual, queriendo decir que muchas zonas de sus cuerpo salían remarcadas a estar afectadas por la enfermedad. El chico muere al poco tiempo, en uno de sus últimos ataques series la chica le recita La carretilla roja de William Carlos Williams.

El final es muy sensiblero. Lleno de discursos que buscan que el espectador rompa a llorar por la belleza de ese primer y último amor de ambos junto con frases emotivas, demasiado perfectas para haber sido escritas en momentos tan difíciles.

La película me ha gustado, es muy sensiblera y algo edulcorada pero los dos chicos me caen bien y mantienen diálogos ingeniosos. Me gusta que hayan comenzado su flirteo hablando de libros y que a través de Un dolor imperial hicieran ese viaje a a Amsterdam, que puede que sea mi ciudad favorita.

Lo de que existen infinitos mayores o menores me gusta durante los diez primeros segundos. La chica le lee el discurso que tiene preparado cuando el chico muera. En él viene a decir algo así como que un infinito entre los números 1 y 2 es mayor que el de 1.1 a 1.2. Con esto quiere decir que el amor que han sentido ha sido breve por las circunstancias de ambos pero que, al fin y al cabo, será igual de infinito que aquellos que duran toda una vida.

“I can’t talk about our love story, so I will talk about math. I am not a mathematician, but I know this: There are infinite numbers between 0 and 1. There’s .1 and .12 and .112 and an infinite collection of others. Of course, there is a bigger infinite set of numbers between 0 and 2, or between 0 and a million. Some infinities are bigger than other infinities. A writer wee used to like taught us that...

...I want more for Augustus Waters than he got. But, Gus, my love,I cannot tell you how thankful I am for our little infinity. I wouldn’t trade it for the world. You gave me a forever within the numbered days, and I’m grateful.”

A mi yo de letras le asombra esta comparación pero mi otro yo, el de ciencias que es ingeniero, sabe que los infinitos son eso; infinitos, y no los hay mayores ni menores. Ni siquiera son medibles para poder hacer con ellos una comparación.  A veces le pegaría una paliza al sabiondo pero tiene razón. Otra cosa sería si habláramos del tiempo, que es relativo y podemos jugar a hacernos los listos con viajes al espacio.

Con el tema de los infinitos ando algo obsesionado y quedó rodando sobre mi cabeza, esos niveles de infinitos; unos mayores que otros. Estoy revisionando, por tercera vez, Seinfeld y ayer vi necesario escribir sobre esto al interpretar como señal una discusión que Elaine mantenía con Rava, una escritora finlandesa, sobre las casualidades y sus niveles.

Es tonto y una casualidad poco tiene que ver con un infinito pero las dos son cosas inmateriales; de difícil medición. En este sentido me hubiera puesto de parte de Elaine, al menos los diez primeros segundos. En fin, por ver Seinfeld tres veces deberían convalidarte media carrera de filosofía...




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martes, agosto 26, 2014

'The Killing' Final de la serie.

Muchos Spoilers.

Hay regalos que parecen caídos del cielo pero que terminan no sirviendo para nada. Sólo un engorro pues a veces incluso sientes estar decepcionando a quién te lo hizo por el mero hecho de no disfrutarlo.
Es lo que siento ante 'The Killing' y la inesperada prórroga que Netflix le dio tras su sensacional tercera temporada.



Un regalo porque nadie lo esperaba y porque era un delicia disfrutar de la química de Holder y Linden, Kinnaman y la genial Mireille Enos. Ambos han sabido sacar provecho a las peculiaridades de los protagonistas sin caer en la sobreactuación, hubiera sido fácil en según que momentos.

El engorro fue viniendo capítulo a capítulo. En una comienzo la nueva trama (el asesinato de toda una familia excepto de uno de los hijos que, claro, se convierte en el máximo sospechoso) no parecía malo. Estaba centrado en un personaje muy interesante, una coronel que es directora de una especie de instituto militar lleno de problemáticos niños ricos. Joan Allen es la interesante actriz que da vida a la coronel Margaret Rayne. Un buen personaje por sus matices, puño de hierro... que busca otra mano para bailar un vals.


Por otro lado se retomaba la trama de la tercera temporada. Skinner muerto, tirado al lago con sus víctimas. Mientras Holder y Linden, autora de los dos disparos que acabaron con el pervertido policía, evitan ser pillados por el repentinamente minucioso ex-compañero de Holder.

Esta trama se supone principal para aprovechar la inercia que dejó la tercera temporada mientras que la otra es el pasatiempo que hace que los dos detectives se olviden un poco del rollo cazador cazado. Como digo, comienzan bien ambas teniendo su punto álgido en el momento en el que el coche de Skinner, con su cadáver dentro, es sacado del lago en el que le hicieron desaparecer.

A partir de ahí la trama del chico sospechoso de haber matado a su familia empieza a tener grandes agujeros, curiosamente aparecen en aquellos momentos en los que el chaval empieza a rellenar los suyos. Una trama de este estilo no puede fundamentarse en el probable sock post traumático de nadie, en mi opinión.

Paralelamente Linden y Holder son descubiertos antes de que puedan traicionarse el uno al otro. Una vez cazados aparece el alcalde Richmon, llevaba una temporada y media ausente, para hacer lo último que le gustaría hacer; falsificar informes para librar a Linden de la cárcel y así evitar una polémica policial poco conveniente para el ayuntamiento de Seattle.

Me parece una resolución válida, un buen guiño de la serie a sus comienzos (de los que quizá debería haber huido) pero no deja de ser una salida rápida. La más sencilla posible, un viejo truco que nos resulta muy familiar si recordamos, por ejemplo, el final de la primera temporada. A Richmond le faltó levantarse de la silla y gritar ¡Milagro!.

Los últimos minutos son, en mi opinión, para olvidar. Linden huye de Seattle y regresa a los pocos años. Holder deja entrever que la relación con la madre de su hija ha ido mal. Ya no es policía y trabaja en una especie de lo que sea anónimos. Al verse tras esos años se abrazan y admiten que lo más parecido a la felicidad que tuvieron fue estar metidos en un coche mientras intentaban resolver algún caso. Cuando Holder le pide que se quede en Seattle ella huye y va hasta la orilla de aquél mítico lago que aparece al final de la intro de la serie.

Pese al inesperado amago romántico el final resultaba bastante redondo pero entonces enfocan a Linden de forma frontal, coge el coche y vuelve en busca de Holder para comenzar una nueva historia con él, una muy diferente o puede que la misma.



Creo que el final es muy desafortunado, inmerecido, el tiro sale por la culata. Como dijo el profesor  Sampedro: cada vez que uno escribe algo sobre un personaje, está acotándolo, limitándolo. Y sobre los dos protagonistas se ha escrito mucho y esa relación parece algo que no deberían hacer y los propios personajes deberían negarse. De hecho lo hacen, en mi cabeza al menos, haciéndose poco creíbles.

Además, eso que se nos promete feliz, puede que la idea sea dejar esa esperanza de felicidad que los personajes se merecen tras un buen trabajo, no lo sea tanto al cabo del tiempo. Puede que en este caso, tratándose de una serie tan lluviosa, lo mejor hubiera sido un final triste y dejar así otro tipo de esperanza, uno menos ingenua, al pensar que bueno, no hay mal que duré cien años y todo será menos malo para ellos en un futuro y entonces ¿Quién sabe?...

Pese a esta prórroga tan mal resuelta, de nuevo; en mi opinión, hay mucho que agradecer a The Killing, muchas horas de buen género negro. Quizás no todas las tramas fueron resueltas como deberían pero puedo afirmar que ha dejado momentos que hacen que Seattle sea algo más de lo que antes significaba, para mí sólo era la sede de los Supersonics.

Recordaré a Holder y a Linden como una de las parejas de detectives más humanas y dañadas que ha tenido el género y mejor interpretadas, de nuevo destacar a Kinnaman y a Enos. Grandes capítulos, entre ellos un par de burbujas que me resultaron geniales y mucho talento (Nic Pizzolayto, Demme, incluso un cameo de Patti Smith).

En fin, está serie también me reafirma en la teoría que leí en algún lado; hay cuatros tipos de días formados a partir de la combinación de los buenos y malos con los lluviosos o soleados.





lunes, agosto 25, 2014

'Escribir es vivir' de José Luis Sampedro y Olga Lucas (Segunda Parte).

Quedaron cosas por decir de esta obra porque me perdí en lo anecdótica que fue su búsqueda, que realmente no lo fue tanto, y su no robo por mi parte.

Sampedro durante su disertación, recuerdo que  esta obra es básicamente la transcripción de una conferencia que el profesor dio en Santander,  habla sobre su obra y vida, siempre unida, siempre de la mano una y otra.

Habla sobre su muy profesional búsqueda de documentación para que la novela, más allá de su calidad literaria, no pierda coherencia o verosimilitud. Esto es importante, en mi opinión, porque poner un contexto real creo que ayuda mucho a hacer que la historia sea creíble, sin tener esta que ser realista, costumbrista, etc.

En este punto también cabe resaltar que esta documentación va más allá de libros. El propio Sampedro se sumerge en el recorrido de un río para hacerse una idea real de ese cauce, y todo lo que le rodea, para escribir El río que nos lleva. También lo hace recreando curiosas escenas en tabernas madrileñas  o contemplando cada mañana una calle madrileña, próxima al Palacio de Oriente, para saber, de manera fehaciente, como es su amanecer día a día.

También me resulta interesante, más que nada, lo que dice sobre los personajes:

“Cuando ya tenía unos quinientos folios escritos me encontré con la ingrata sorpresa de que el maravilloso final previsto no encajaba. La escena final imaginada era genial, a mí me gustaba mucho, pero con la novela escrita, sencillamente no cuajaba, no quedaba, imposible utilizarlo. Volví a empezar y, aun así, ese final no funcionó y tuve que cambiarlo. ¿Por qué? Pues por algo que ya les expliqué, que los personajes se niegan a hacer lo que no deben. No digo yo que cobren vida propia, eso me parece un efectismo exagerado, pero no pueden hacer cualquier cosa. 

Fíjense: cada vez que uno escribe algo sobre un personaje, está acotándolo, limitándolo. Si digo que una muchacha nació en Barcelona, no puedo referirme a ella como la gallega; si la describo como alta, no puedo convertirla en bajita porque me conviene decir que no alcanza un determinado objeto, pongamos por caso, de la misma manera que si digo que tiene mal genio, no puedo elogiar su inalterable sonrisa y dulzura. Cada vez que califico a un personaje, me estoy restando libertad. Y cuando se llega a un punto en que el personaje ya ha quedado muy definido, hay que atenerse al retrato que se ha hecho de él. Eso es lo que significa la expresión «los personajes tienen su propia vida».”

Está la estantería llena de novelas con personajes que hacen lo que no deben porque no les han descrito así. Mi propio blog está lleno de ese tipo, sobre todo de cosas no publicadas, pero estamos aprendiendo y no deja de ser del todo normal. Supongo que hay que hablar con los personajes como hacía Unamuno.


La parte que más me ha gustado es aquella en la que Sampedro desmentía eso de El tiempo es oro.

Esa frase de uso muy extendido tiene su origen en el siglo XVII. Es de un predicador cuyo nombre no recuerdo ahora, aunque podríamos decir que quien la «lanzó al mercado» fue Benjamín Franklin, con la expresión 'Time is money', Y eso fue definitorio. De Franklin todo el mundo ha oído hablar, del predicador no, pero investigué esta cuestión cuando escribí 'Las fuerzas económicas de nuestro tiempo', libro en el que criticaba el reduccionismo económico. Es una frase que yo rechazo rotundamente porque define todo un modo de vivir, define el tipo de civilización actual.

Pero cuando decimos «el tiempo es oro», que es como decir «el dinero es la medida de todas las cosas», estamos reduciendo todo a lo que da el oro, al dinero, a términos económicos. El tiempo no es oro, el tiempo es vida. Cuando yo me muera, se acabó mi tiempo. El tiempo que yo he tenido es la vida que yo he desarrollado desde el momento de nacer hasta el de morir. Los demás tendrán otro tiempo, la Tierra seguirá dando vueltas durante miles de años, pero mi tiempo vital, el tiempo que a mí me importa, es la vida, mi propia vida. Y reducir el tiempo a dinero, es reducir la vida a dinero. Equivale a decir «lo que no da dinero, lo que no vale dinero, no importa, no es vida», lo cual es un reduccionismo economicista absolutamente aberrante; es infundir una economía de mercado con una sociedad de mercado. Vivimos en una sociedad que da valor a lo que tiene precio en el mercado y no valora lo que no lo tiene...“

Este mensaje es necesario, más ahora en tiempos en los que todo parece ir mal porque la economía va mal. En los que los gobiernos, patronal y demás ... nos acusan de habernos endeudado, de haber vivido por encima de nuestras posibilidades. Hacer eso es hipócrita, cuando desde niño te lo reducen todo al dinero entiendes que una buena vida pasa por tener mucho. No se limita ahí el tema porque una vez que lo tienes, en mayor o menor medida, también se encargan de guiarte, de enseñarte cómo gastarlo.

Está claro que el gobierno no te dijo que te compraras una casa pero sí que te quitaba impuestos si lo hacías y sí que permitía a los bancos y cajas conceder créditos, a mano alzada, para poder afrontar el pago. No hizo nada para hacer que el alquiler fuera más ventajoso que la compra. Comprendió que el ciudadano era la parte indispensable a la hora de iniciar este flujo vicioso de intereses e intereses. También sabía que éste sería el que terminaría pagando la factura sin que este necesariamente pidiera explicaciones, cambiara su voto o su escala de prioridades.

De nuevo me pierdo en la anécdota, el propósito es revindicar a Sampedro. Él se marchó pero su mensaje queda. Uno tan sensato, lúcido, obvio y necesario que vale para cualquier época.


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