viernes, agosto 21, 2015

Who is Mr Robot? Where is my mind? #MrRobot

Aviso: Espoilers por todos lados de la primera temporada de 'Mr Robot'.

Antes de que el verano llegara me quedé fascinado con el piloto de una nueva serie de TV que aún no se había estrenado. Ésta contaba la historia de un programador que trabaja para una empresa de seguridad informática. No parece muy atractiva la idea pero si a este chico le damos una curiosa personalidad, muy "Holdencauldfieldiana", y la capacidad de poder reventar el sistema la cosa cambia.

Así, Elliot Alderson, así se llama nuestro héroe, trata de compaginar su extraño proyecto dentro de la FSociety, fue cordialmente invitado por parte de su líder; un tal Mr Robot, con una lucha más particular e individual; joder la vida, vía hackeo, de aquellos que son horribles personas. Pederastas, mentirosos y camellos sin escrúpulos son víctimas de sus dotes informáticas. No sale indemne de esta lucha ya que por el camino pierde a su chica y pierde la cabeza. Ese extraño poder que le permite saber todo de todo el mundo, confirmando la infinita mediocridad reinante, le hace sentirse aislado, solo y deprimido. 

Hasta el octavo capítulo, Elliot es huérfano y no tiene hermanos pero cuando besa a Darlene, ella le acababa de decir que le quería mucho, ésta le dice que qué cojones está haciendo. Elliot lo ha olvidado todo, de nuevo. "Estoy loco, estoy loco", repite una y otra vez de camino a casa. No nos tenía que haber inventado, porque desde el comienzo se ha dirigido a nosotros como si fuéramos un amigo imaginario. Darlene es su hermana y ese extraño tipo que le invitó a la FSociety es su recién resucitado padre.



Elliot y su padre huyen, aunque en realidad hacen tiempo para culminar su gran obra; destruir Evil Corp, empresa que contiene toda información relativa a toda deuda que cada humano tiene. Se trata de un reinicio que pasa por destruir nuestro sistema, un Fake Empire montado sobre una montaña de dinero que ni siquiera existe pero que sólo unos pocos materializan("Somos los hijos medianos de la historia, educados por la televisión para creer que algún día serí­amos millonarios"). En plena huida, Elliot retoma su orfandad y se da cuenta de algo de lo que nosotros ya habíamos hablado. Sabe que hemos leído artículos o escrito reviews que comparan a 'Mr Robot' con 'Fight Club' ('El Club de la Lucha'). "Yo soy Mr Robot". Su particular Tyler Durden, que en su día dijo:  'It's only after we've lost everything that we're free to do anything' (que en realidad lo dijo el padre de todo; Chuck Palahniuk).

Elliot regresa a su apartamento. El plan sigue adelante pero Tyrell Wellick le hace una amenazadora visita. Es larga la historia de este personaje, y no me apetece mucho contarla, pero se le podría definir como antagonista de Elliot en toda esta trama. Vicepresidente tecnológico de Evil Corp que acaba de asesinar a la mujer de su superior. Se podría decir que le hemos conocido en un momento extraño de su vida; acaba de ser despedido y sabe que Elliot es quién amenaza a su ex-empresa. Ambos tienen poco que perder, están muy cerca de ese "perder todo" del que hablaba Durden/Palahniuk, por lo que Elliot le muestra las instalaciones de FSociety; una sala de recreativos abandonada en Nueva Jersey. Todas las máquinas se encienden y podemos ver luces de todos los colores entre las que se encuentra el pc con el que deben culminar su obra, su destrucción. Está sonando una versión instrumental de 'Where is my mind', de The Pixies, y el homenaje parece completarse. Esa música lo confirma todo. Contemplamos la escena desde el punto de vista de una máquina de palomitas a la que Elliot mira. No nos dice nada pero sabe que, efectivamente, estábamos en lo cierto.


miércoles, agosto 19, 2015

Y ésa fue la última vez que le vi con vida...

La frase que da título al post es una de las más repetidas en 'Los Detectives Salvajes'. Quizás no se diga siempre la misma o puede no sea siempre tan explícita, quedándose en un simple "aquella fue la última vez que lo vi" o "ya no lo volví a ver más", pero, sin duda, todo el libro es una continua despedida, un ya no lo volveré a ver más.

Todos parecen decirlo con cierta pena por no haber sido conscientes en ese momento. Como si, de haberlo sabido, hubieran podido realizar una despedida perfecta, si es que eso existe, o habrían alargado o postergado ese último "adiós". Un "largo adiós" que en inglés se podría decir 'Farewell, my lovely', si usamos la traducción que se hizo del título de la novela de Raymond Chandler. Ese mismo "Farewell", en realidad dice un poético, y quizás arcaico, fare thee well, es el que usa Dylan en 'Don't think twice it's all right'. Se trata de un que te vaya bien, que te vaya bonito, en lugar de decir sólo "adiós". Una palabra demasiado buena. según Bob, cuando uno se despide con cierto afán de venganza y las despedidas que aparecen en 'Los Detectives Salvajes' no son precisamente de ese tipo. Son nostálgicas pero dichas con cierto tono de vergüenza, como si quisieran dejar claro que aquello sucedió en otro tiempo y en otras circunstancias a las que es mejor no regresar. Puede que por eso casi todos los personajes terminen renegando del realismo visceral. Lo que era un movimiento literario o un modo de vida terminó siendo una tontería.

Puede que sea mejor no saber si un adiós estándar termina convirtiéndose en un ya no lo volví a ver más. Imagina que eres consciente y que puedes planear la despedida perfecta, despedirte de la mejor manera para así quedarte con el mejor de los recuerdos. La casualidad podría provocar un encuentro fortuito posterior a esa despedida perfecta y ésta no habría servido para nada. Una despedida perfecta nula, un días más tarde lo volví a ver... De nuevo, un proyecto que queda inconcluso.



sábado, agosto 15, 2015

'El Mundo de Guermantes' (En busca del tiempo perdido III) de Marcel Proust

Releyendo la segunda parte de 'Los Detectives Salvajes' encontré un fragmento muy interesante en el que se nombra a la gran novela de Proust; 'En busca del tiempo perdido'. Todo se dice en boca del inolvidable Joaquint Font, desde la Clínica de Salud Mental El Reposo:

"Hay una literatura para cuando estás aburrido. Abunda. Hay una literatura para cuando estás calmado. Ésta es la mejor literatura, creo yo. También hay una literatura para cuando estás triste. Y hay una literatura para cuando estás alegre. Hay una literatura para cuando estás ávido de conocimiento. Y hay una literatura para cuando estás desesperado. Esta última es la que quisieron hacer Ulises Lima y Belano..."

"...Ahora tomemos al lector desesperado, aquel a quien presumiblemente va dirigida la literatura de los desesperados. ¿Qué es lo que ven? Primero: se trata de un lector adolescente o de un adulto inmaduro, acobardado, con los nervios a flor de piel. Es el típico pendejo (perdonen la expresión) que se suicidaba después de leer el Werther. Segundo: es un lector limitado. ¿Por qué limitado? Elemental, porque no puede leer más que literatura desesperada o para desesperados, tanto monta, monta tanto, un tipo o un engendro incapaz de leerse de un tirón En busca del tiempo perdido, por ejemplo, o La montaña mágica (en mi modesta opinión un paradigma de la literatura tranquila, serena, completa), o, si a eso vamos, Los miserables o Guerra y paz. Creo que he hablado claro, ¿no? Bien, he hablado claro. Así les hablé a ellos."

Me vi identificado en lo que Font decía ya que la lectura de la tercera parte de 'En Busca del Tiempo Perdido' me la he tomado un poco a la ligera. Se convirtió en algo que hacía mientras decidía qué novela leer tras haber terminado algún libro. Así, en formato digital, iba avanzando un tres por ciento a veces, en ocasiones un cinco si mi duda era grande. Vamos, todo lo contrario a leerla "de un tirón", que decía Font/Bolaño.

Así, al finalizar la lectura de 'Los Detectives Salvajes', quise huir de esa literatura desesperada terminando, de forma muy reposada, la lectura de 'El Mundo de Guermantes'. Algo menos de la mitad de este tercer tomo me quedaba por leer de la historia que Proust nos cuenta en este tomo. El acercamiento de su alter-ego al matrimonio Guermantes, pocas referencias en este volumen se hace a los mucho más interesantes Swann, en un contexto repleto de tertulias entre señoras de alta alcurnia en las que no dejan de criticar a todos los no presentes. He de decir que esos momentos me han aburrido bastante pero al menos ha sido soportable por el estilo que Proust ya había utilizado en las anteriores entregas y que mantiene en ésta.



Más interesante resulta cuando el narrador interactúa con su gran amigo Roberto de Saint-Loup. Ambos se procesan gran cariño pero una mujer se interpone en su amistad. No lo hace para mal, desde el punto de vista de lector "reposado", ya que deja cosas visibles que no hace falta que el narrador las diga; la idiotez de Roberto, que bien puede ser innata o sólo pasajera y provocada por el amor. Raquel se llama la chica, a la que el narrador se encuentra en una casa de señoritas, digamos.

El tío de Roberto, el barón de Charlus, también se convierte en un personaje muy interesante al final de esta tercera parte cuando le retira a Marcel su amistad. Es graciosa la escena al producirse de forma inesperada y al hacerlo Charlus con frases muy grandilocuentes. El barón, creo, será parte importante de la siguiente parte de la obra; 'Sodoma y Gomorra'.

Buena lectura aunque resultan muy pesadas las muchas páginas dedicadas a esas recepciones llenas de duquesas o princesas. Sólo se salva de éstas las alusiones al caso Dreyfus aunque se haga muy superficialmente. Sólo se limita a indicar quién está en contra y quién a favor, de forma que sólo sirve para definir a personajes y no plantea dudas acerca del tema.





'Por El Camino de Swann' (En busca del tiempo perdido I) de Marcel Proust

martes, agosto 04, 2015

Como Sarah Linden (V)

No sé cuanto tiempo debe pasar para que uno pueda darse por rehabilitado de una adicción. ¿Veintiocho días? No lo sé. Son ya veintiuno y no sé si me siento mejor. Seguramente sí, porque no voy por ahí haciendo cosas raras, con gente extraña, y se podría decir que ya no dependo tanto de ciertas cosas. Quizás aún pienso demasiado en ello y eso no debe ser una buena señal. Lo hago pensando en pasado, diciéndome que ahora mismo podría estar haciendo tal cosa o la otra si aún lo necesitara aunque, bien mirado y con cierta distancia, quizás entonces no se trataba de algo de lo que dependiera tanto.

¿Entonces por qué lo hacía?. Me gusta que me pregunten cosas aunque nunca responda con la verdad y me limite a dar respuestas genéricas o respuestas correctas. Las respuestas sinceras me las doy a mí mismo, las pienso y si puedo las escribo, entonces la sinceridad en ellas desaparece y se transforman, en muchas ocasiones, en absurdas respuestas que pretenden ser perfectas. Pensé en ese método, pregunta/respuesta, como herramienta para escribir un relato. No puedo decir nada acerca de la efectividad de la fórmula porque nunca la llevé a la práctica. Un nuevo proyecto que no materializo. Juró no hacer ni uno más.

Definitivamente, aquello no era una adicción pero me gusta pensar que lo era para poder luchar contra algo. Necesito hacerlo. Hay quién planea viajes y luego pone fotos de la ciudad que quiere visitar en el escritorio de su ordenador para motivarse o para fijarse una meta. Yo antes era así, recuerdo que puse una foto de Berlín en el escritorio. Unos meses más tarde, quizás año y pico, visité  esa ciudad y ya no volví a hacer ese tipo de cosas nunca más.

Esta semana he tenido mucho tiempo libre. Dedico el día a andar por la ciudad como un rehabilitado. ¿Cómo anda un rehabilitado? No sabría explicarlo. Yo camino despacio poniendo cara de idiota. Es verano pero camino como si fuera otoño, ya sabes. Estoy en Madrid pero todo parece nuevo o cambiado y parece otra capital europea, que desde luego no es Berlín; no he encontrado ningún ángel. No sé si es la respuesta correcta o la sincera pero una persona rehabilitada camina como un turista.

martes, julio 28, 2015

Casper (the friendly ghost), Daniel Johnston y Sufjan Stevens

Hace un par de semanas vi un documental llamado 'Daniel Johnston y el Diablo' y ahora me encuentro obsesionado con Sufjan Stevens; poniéndome su último disco entero en modo bucle. No hay relación entre una cosa y la otra porque las dos llegaron, más o menos, de forma simultanea. De Johnston, ya había mostrado mi admiración en este blog y sólo me faltaba materializar en imágenes todo aquello que había leído acerca de su historia. De Sufjan, ya expliqué que era un cantante por el que sentía cierta curiosidad y al que siempre tuve pendiente. Escuchar 'Carrie & Lowell' fue el reactivo que quizás me faltaba para ponerme manos a la obra con el de Detroit.

Escuchando uno de los temas de este espectacular disco descubrí algo que podía relacionar a Johnston y Stevens. Más que relacionar a estos dos genios, busco enlazar dos obsesiones. Una pasada y otra en pleno climax, que más pronto que tarde será machacada por otra (Father John Misty es firme candidato). Este nexo es la mención que ambos hacen a Casper, el fantasma amigable. Sí, sé que es una gilipollez infantiloide y es difícil saber si Sufjan introdujo a este gracioso espectro en la canción pensando en Johnston, aunque se me hace difícil pensar que no lo hiciera en algún punto.



Casper es para Johnston algo más que una metáfora insertada en una canción, como podría ser en el caso de Stevens. Es parte de su iconografía, digamos, repleta de superhéroes, demonios, bichos con ojos y demás criaturas sin nombre que habitan en la cabeza del compositor. El propio fantasma forma, además, parte de la portada de 'Yip/Jump Music' que Johnston grabó en el verano del 83.

En ese disco se encuentra la canción llamada 'Casper, the friendly ghost' donde Johnston habla de alguien que es incomprendido, tratado como vago y, por todo esto, rechazado. Pese a ello, Casper siempre se mostró educado, siempre puso la otra mejilla. Cuando muere todos hablan bien de él, algo muy español, y valoran la lección, acerca del "amor", que el ya nuevo fantasma les ha dejado. Parece hablar sobre sí mismo, alguien incomprendido y tratado como vago; poco respetado, a fin de cuentas.

No one never treated him nice
While he was alive 
You can’t buy no respect 
Like the librarian said 
But everybody respects the dead 
They love the friendly ghost 

And now they say we’ll never forget 
What he learned us 
We were mean to him 
But he never burned us, and 
Love lives forever 
Thanks to you, the friendly ghost 




Es en 'No shade in the shadows of the cross' donde Sufjan Stevens nombra también a Casper, the Ghost. Lo compara con su "asesino" que, en el contexto en el que compuso el disco, podría ser el fantasma de su madre en forma de herencia repleta de adicciones y enfermedades mentales. Este Casper bien podría ser también Johnston, adicto en su juventud al ácido y con su ya manida esquizofrenia, trasmutado en la imagen o fantasma de Carrie. También es posible que Stevens sólo trate de mostrarnos a un enemigo contra el que no se puede luchar, de forma humana al menos. En esa misma canción, Sufjan habla acerca de la depresión y de haber llegado demasiado lejos con las drogas.

I’ll drive that stake through the center of my heart 
Lonely vampire 
Inhaling its fire 
I’m chasing the dragon too far



Gran canción en la que Sufjan nos muestra sus entrañas. Hay que tener valor para hacerlo y hay que también tener talento para saber llevarlo a cabo. Creo que para poder manejar de manera correcta ese valor/talento hay que estar algo loco; que no es otra cosa que pensar de forma diferente a la que hacemos el resto. Hacer un grano de arena de una montaña, no sé si me explico.

Es inevitable googlear acerca de una posible relación entre ambos cantantes. Tras hacerlo, "Sufjan Stevens Daniel Johnston", descubro que Stevens hizo una versión, junto a Daniel Smith, de 'Worried Shoes', canción incluida en el disco que tiene al dibujo del fantasma Casper como portada, en el año 2006 que formaba parte de un recopilatorio de versiones de Johnston llamado 'I Killed the Monster'.

Every step that I take is another mistake 
I march further and further away 
In my worried shoes


Más allá de esta bonita canción y de Casper , el fantasma amigable, creo que hay muchos más puntos en común entre Sufjan Stevens y Daniel Johnston. En estilo y forma de escribir canciones, habría que hacer un análisis al respecto, y en la religiosidad que ambos mamaron desde niños. Diferentes obsesiones y miedos; al diablo, en todas sus formas, o a la locura, también en todas sus formas. Ángeles o extraterrestres que habitan un planeta donde la gravedad es mucho mayor que en su lugar de origen, ¿Krypton? Piedras con alas....


jueves, julio 23, 2015

'Carrie & Lowell' de Sufjan Stevens

Sufjan Stevens es uno de esos tipos que aparenta tener muchos años menos de los que en realidad tiene. Empiezo a pensar que lo de no envejecer a un ritmo normal no tiene mucho que ver, o al menos no todo, con coenzimas Q10, con dormir mucho o con las vitaminas B12 para evitar que te salgan canas. Creo que existen personas que son incapaces de hacerse adultos por no haber tenido una infancia normal, no me refiero a haber tenido una mala, y parece que por ello sus células no mueren, no se oxidan, no se regeneran. Sólo esperan a que ocurra algo ahí fuera que les indique que es la hora de madurar.

Algo así debe ocurrirle a Sufjan, hijo de Carrie & Rasjid, que fue abandonado por su madre con apenas un año y por ello debe vivir con su austero padre y bajo la influencia de su muy religiosa abuela. No hay mucho rastro de Carrie hasta que se casa con Lowell y éste empieza a mostrar interés por sus hijastros. Así, se encariña con Sufjan y comparte con él alguna de sus pasiones, entre ellas la música.



En Diciembre de 2012 la madre de Sufjan muere de cáncer de estómago. Cuando eso ocurre, él está a su lado mostrando su amor incondicional porque, por muchas cosas que ocurran, el amor es incomprensible. Stevens queda devastado y algo lastrado por la sospecha de que todo lo malo que le ocurrió a su madre aflorará en él de una forma o de otra. Carrie padecía un trastorno bipolar y era adicta al alcohol y a otras sustancias por lo que una parte de Sufjan piensa que lo de tomar drogas e ir por ahí jodiéndola puede ser una forma de permanecer junto a ella hasta que deja de pensar así; "You don't have to be incarcerated by suffering, and that, in spite of the dysfunctional nature of your family, you are an individual in full possession of your life".

De toda esa desagradable experiencia, Sufjan Stevens saca la inspiración para crear el grandioso 'Carrie & Lovell'. Tan triste como grande pero tan bonito y tan sencillo que apenas duele; morfina para pasar un mal trago. 'Carrie & Lowell' es una forma original de decir que todo lo malo tiene su parte buena u otras frases del estilo que al final no significan nada. Creo más en los gestos espontáneos, o inútiles, y éste disco es tan sencillo y natural que parece éso; algo espontaneo pero importante a la vez, no sé si me explico.

Sufjan Stevens no abandona su estilo y aquellos que ya le seguían reconocerán muchos lugares comunes en sus letras. Muchas experiencias, muy ambiguas que parecen suceder en una América bastante profunda, mezcladas con referencias bíblicas y mitológicas. Tanto las cosas reales como las basadas en parábolas parecen auténticas. Será porque Sufjan parece creérselas o de alguna forma las ha interiorizado porque las ha vivido en carne propia y, lo más jodido, ha sabido transmitirlas.

Mi experiencia con respecto a Sufjan, hasta este disco, es más bien escasa. La muy machacada Chicago, Casimir Pulaski Day y poco más. Dicho esto, puedo decir que le he visto en directo en una ocasión. Fue en un concierto de The National, una de mis bandas favoritas, en el que Sufjan acompañaba al grupo americano. Poco material reconocible suyo pude apreciar en este concierto salvo por los acordes de Chicago que Stevens se marcó en pleno éxtasis musical de la banda, en no recuerdo bien qué canción. Seguro que hubo muchas otras pero, sinceramente, no supe apreciarle y no estuve pendiente. Ahora me arrepiento y mataría por una entrada, ya agotadas del concierto que dará Septiembre en el Circo Price, o por volver atrás en el tiempo. Lo que sea más sencillo. Supongo que será lo de conseguir una entrada para Septiembre porque no sé cómo de maleable será el futuro pero el pasado sigue siendo el pasado; un puente hacia ningún lado, dice Sufjan en 'Should Have Known Better'. Nothing can be changed...



lunes, julio 20, 2015

Gato de escayola (Javier Krahe)

Hace poco más de un año me mudé a un piso muy cercano a la sala Galileo. Lo primero que hice, una vez instalado, fue ir a ver un concierto de Javier Krahe. Recuerdo que era viernes y que iba sólo, nunca me ha importado, y que era la quinta vez, creo, que iba a ver al cantautor. Eso hacía que todo me resultara familiar, tanto en el público como en mi comportamiento. De nuevo, observador que no quiere ser visto, sobre todo en esta ocasión al ir sólo.

Formaba parte de una masa en la que no costaba nada pasar desapercibido por su poca homogeneidad. Gente mucho mayor a mí, que parecían tener como cita fija ese concierto mensual de Krahe, se mezclaba con otro tipo de persona a la que fácilmente yo podía sacar 10 años que esperaban nerviosos la aparición del madrileño, supongo que es lo que tienen las primeras veces.

También podía observar lo que debían ser primeras citas. Parejas solitarias que se tocaban mientras hablaban. Se miraban a los ojos al mismo tiempo que comían los cacahuetes que los camareros traían para acompañar a sus cervezas. Otras parejas, ya muy adultas (digamos) y a menudo acompañadas por otras de su misma generación, que no se tocaban ni se miraban a los ojos, mientras comían los mismos cacahuetes, pero que se reían y parecían felices en esos instantes repletos de luces encendidas y de ruido de voces solapadas al sonido que hacen las copas cuando golpean una mesa de un material muy duro parecido al... ¿mármol?.

Justo en el momento en el que el viejo Krahe apareció en el escenario todo se hizo oscuridad y sólo las escasas luces del escenario y la camisa blanca del cantante iluminaban aquella sala. Las luminosas, y muy características, letras que formaban el nombre de la sala y dos o tres músicos, que me perdonen si omito sus nombres aunque los sepa, era el decorado en el que Krahe y su camisa blanca brillaban.

Los rostros del público, que también parecían coger ese mismo tono blanquecino y luminoso, miraban, o más bien escuchaban... ¿por los ojos?, embobados al madrileño. Yo también me embobaba pero de vez en cuando salía de aquella especie de trance para mirar al resto de gatos de escayola. Gatos, quizás por madrileños, petrificados o hipnotizados por el (bundes)clarinete que acompañaba a las canciones de Krahe. Éstas eran las de siempre pero siempre cantaba alguna canción nueva. Siempre, repito, siempre añadía a todos sus clásicos una obra inédita que me devolvía a mi inerte posición de gato de escayola sin por que por ello dejara de ser todo oídos y todo ojos.

Entre canción y canción Krahe hablaba. Contaba gracias dichas ya mil veces, como "yo del alzhéimer no soy partidario" , o presumía de vivir en la misma calle que Esperanza Aguirre, patriotismo malasañero. Su tono de voz, muy grave y serio, contrastaba con el mensaje que transmitía y con su forma de moverse en el escenario. Con alguna canción, me acuerdo escribiendo esto de 'La Yeti', parecía querer bailar pero como que no le salía y se tenía que conformar con mover las manos de forma asíncrona con el cuerpo, que también es bailar, mientras gritaba ¡Sacalina!, en lugar de !Asúcar¡.

Como nos pasa a muchos; ni Borges ni bailable... y supongo que sin estatua. Ahora me río cuando veo vídeos suyos que me traen recuerdos de esas cinco o seis veces que fui a verle pero cuando supe que Krahe se había muerto me puse a llorar como un gilipollas pero de forma muy discreta porque iba en un coche con otras cuatro personas que no me hubieran entendido. Me contuve tanto que ni una lágrima me salió pero joder, me daba mucha pena ser consciente de que ya nunca volvería a ir a un concierto suyo y que difícilmente podría volver a ser un gato de escayola, rodeado de otros muchos felinos de piedra y gárgolas, lo parecían si se quedaban con la boca abierta.

No hay canción favorita pero poco después de la muerte de Krahe leí un pasaje de 'Los Detectives Salvajes', releerlo ha sido la mejor decisión que he tomado en años, en el que Ulises Lima trabaja como pescador en la costa francesa durante unos días. La actitud vital de Lima con ese temporal oficio me hizo pensar de inmediato en 'La costa Suiza'.



lunes, julio 06, 2015

Soy Capricornio, como Ulises Lima.

He comenzado la relectura de 'Los Detectives Salvajes'. Al hacerlo, parto de la base de que no sentiré lo mismo que aquella primera vez, hace ya unos siete años, pero también confió en que me aporte mucho más, literariamente hablando. Mi situación vital en 2008 era muy diferente y creo que me he maleado lo suficiente como para no sentir sorpresa o excitación ante ciertos pasajes pero sí que espero valorar otras cosas que igual pasé por alto.

He de decir que cuento con una envidiable mala memoria que me es muy útil cuando reviso películas o series. En cuanto a libros, sólo es una la novela que he releído. 'Señora de rojo sobre fondo gris' de Miguel Delibes. Igual, y si lo pienso bien, es mi novela favorita y quizás lo reconocería más a menudo si la hubiera escrito un Palahniuk, un Amis, el propio Bolaño, o el siempre reivindicable Keroauc.

En estos siete años he mejorado mucho como lector pero no sé en qué punto me encuentro como aspirante a escritor. Quizás el momento de ser "aspirante", o de dejar de serlo, quedó atrás hace tiempo pero también puede que esté tomando el camino más largo a "casa". No sé si escribo con la seguridad de que voy a llegar a ser escritor o con la confianza que da el saber que lo que uno hace no tiene por qué significar nada. Tras poner esto por escrito no sé por qué pienso en lo bien que jugaba al tenis en los instantes previos al comienzo del partido, antes de que los fallos restaran puntos o se los sumaran al rival. Por lo general, recuerdo que terminaba ganando porque mi mala memoria trata a las derrotas como a las películas ya vistas. Cada película, cada derrota, es inédita cuando vuelve a suceder.

Volviendo a 'Los detectives salvajes', y a mi regreso al viscerrealismo o realismo visceral, son muchos los motivos que me invitan a su relectura. Las múltiples estructuras que la novela contiene podrían estimular mi limitada creatividad para encontrar un formato que pueda dar cierta linealidad a todo lo que escribo. Más allá de que sea bueno o malo debe entenderse como un todo o como partes que tienen algo en común.

Encuentro en la novela de Bolaño frases que, de nuevo, me impactan por sencillas y efectivas que quizás sólo tienen ese sentido especial, o fuerza, dentro del universo que 'Los detectives salvajes' crea, junto con el resto de la obra del chileno repleto de lugares y personajes comunes. Un ejemplo es ese memorable primer párrafo; "He sido cordialmente invitado a formar parte del realismo visceral. Por supuesto, he aceptado. No hubo ceremonia de iniciación. Mejor así". También otras que se refieren a Ulises Lima ("Eres Capricornio, como Ulises Lima") o a Arturo Belano tienen un halo de misticismo, de leyenda. Todas hablan del pasado de ambos o de su origen. La fecha de su nacimiento, su estancia en México y posteriores viajes. Lo único seguro es que ambos leen y escriben. 

martes, junio 30, 2015

Desaparecer

La idea de desaparecer del mapa es tentadora, y aclaro que cuando digo "desaparecer" no hablo de suicidios ni de nada que implique morirse. Hablo de esfumarse; de marcharse sin decir nada o de quedarte en ese otro lado del mundo, al que casi nadie ha llegado, en el que no hay protocolos de despedidas que lo dramatizan todo. Sólo ausencia física en la que siempre queda algo de ti. Ya sabes, una silla vacía o una foto en la que aparecen todos tus amigos menos tú. Puedes estar a miles de kilómetros o quizás detrás de la cámara pero alguien al que le importas se preguntará dónde estás.

No te atrevas a desaparecer sin imaginar antes a un detective que te busca, que sigue tu rastro porque alguien quiere encontrarte y se ha molestado en contratarle. Éste, primero, visitará los lugares que sueles frecuentar; tu puesto de trabajo, tu apartamento o la casa de tus padres. No habrá indicios de tu presencia y el detective intentará ponerse en tu lugar imitando tus costumbres. Trayectos en metro que podrías hacer con los ojos cerrados o los distintos caminos que sueles hacer para llegar al centro andando.

Es un verdadero detective y pone atención en todo. Intentará entender por qué sientes que estás de más o al menos encontrar el punto geográfico o el momento en el que darás ese paso atrás. Sin apenas haberte visto, el detective piensa en lo fácil que habría sido saber todo esto si él te hubiera conocido, acostumbrado a los gestos que hace una persona cuando miente o cuando no ve cumplidas sus expectativas. Sabe que a uno se le pone cara de saber más de lo que quiere o simplemente se calla, evita cualquier sensación de pertenencia y espera la ocasión para huir.

Recuerda que el detective puede transportarse en distancia, no en el tiempo. Si pudiera, te seguiría y sería tan sigiloso que ni te enterarías. No alteraría tu realidad, la ahora presente o la entonces pasada. No te haría más feliz o más estúpido. No impediría tu huida porque sabe el mundo es mucho más pequeño de lo que piensas. Además, tu ausencia te delatará.



jueves, junio 25, 2015

Tramazolina

Recuerdo que cuando era niño un orificio nasal se me taponaba justo en el momento en el que me iba a acostar. Siempre era uno, casi nunca los dos, aunque no siempre era el mismo. No sabría decir por qué mi nariz funcionaba de ese modo, "vasoconstricciones" comunicantes quizás, pero no encuentro lógica porque, aunque no haya tomado datos, era bastante aleatorio.

Cuando mis padres detectaron el problema me hicieron las pruebas que suelen hacerse para diagnosticar alguna posible alergia sin que éstas arrojaran ningún resultado concluyente, más allá de poner a prueba mi fobia a la agujas. En pleno proceso, consistía en una especie de tortura hecha a base de pequeñas punciones en mi brazo, caí desmayado. Cuando recuperé la consciencia estaba tumbado sobre una especie de silla de dentista reclinable y rodeado de mujeres embarazadas.

Frente a mí, y con su cara muy próxima a la mía, estaba el médico que me había practicado aquella tortura. No paraba de decirme, como un papagayo, "Coge aire por la nariz y sopla fuerte. Coge aire por la nariz y sopla muy fuerte". No empecé a hacerlo hasta que no me dí cuenta de que aquello iba en serio, aunque el doctor me hablara como si yo fuera idiota. Empecé a hacer de forma tímida esa especie de respiración multiplicada por mil que el doctor me pedía. No sé si para animarme, o porque le faltaba también oxígeno, el médico comenzó a respirar fuerte, como esos toros enfadados que salían en los dibujos animados. A éste le siguieron mis padres y a éstos le siguieron las mujeres embarazadas. El último en apuntarse a aquella especie de fiesta de la respiración fue un tipo vestido con un mono que estaba arreglando algo que no recuerdo porque bastante tenía con acordarme de respirar fuerte.

Después de todo aquello el médico nos hizo saber que las pruebas no eran concluyentes y que no apreciaba ningún problema, más allá de los evidentes. Mi madre, entonces, le contó que mi abuela, su madre, le había dicho que lo que me pasaba era que tenía los orificios nasales muy pequeños. El médico, mientras me cogía del mentón y me miraba la nariz, dijo que podía ser, que no era una idea "muy descabellada". Desde ese momento surgió un acuerdo tácito entre todos los presentes para no tener que repetir más escenas con agujas, desmayos, mujeres embarazadas y tipos de mantenimiento; todos mis problemas respiratorios, y todos los derivados de éstos, son la consecuencia de tener los agujeros de la nariz muy pequeños.

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