viernes, diciembre 19, 2014

'My Favourite Faded Fantasy' de Damien Rice

Tras escuchar durante toda esta semana el nuevo disco de Damien Rice, he pensado en consultar el listado de ciudades en los que actuará el irlandés en 2015 para elegir una de ellas y escribir una historia que se desarrollase allí.  Un tipo, el personaje del relato, iría a verle actuar y de paso visitaría la ciudad durante varios días, dependiendo de la extensión y del presupuesto del que contara, en su determinado contexto y situación para hacerlo creíble.

Iría solo, como los locos. Durante el día se dedicaría a visitar museos y por la noches intentaría disfrutar de la vida nocturna yendo un poco a la aventura. Evitando zonas chungas pero sin tener que decir necesariamente que no a cualquier "cosa", por llamar de algún modo a algo inconcreto, moralmente cuestionable.

Lo anterior es accesorio pero necesario. De todas formas lo importante seguiría siendo el hecho de viajar para ver a Rice y la ciudad debería ser lluviosa y puede que también debería ser irlandesa, aunque no sé hasta que punto podré conjugar todo.

Y escojo a Rice como podía haber escogido a cualquier otro cantante que le gustara al personaje pero él, de algún modo, tiene todos los matices que esa ficción requiere. Un protagonista lo suficientemente sensible para ser fan, rozando el término groupie, de un cantautor del estilo de Rice pero sin aparentemente tener muchos reparos a la hora de realizar ciertas "cosas".

Me gustaría que el personaje se pudiera describir, de forma muy acotada y realista, con esa frase que decía Nacho Vegas; "El hombre más sensible del mundo es también el mayor hijo de puta del mundo" y casualmente en el último disco de Rice aparece una gran canción llamada 'The Greatest Bastard'. En ella el irlandés le pregunta  alguien, se supone que a su excompañera Lisa Hannigan, sí él es el mayor "bastardo" al que ha conocido. Puede ser una carga perfecta para un personaje que, por mucho que viaje, se siente incapaz de avanzar.


Volviendo a las "cosas", éstas no serían nada del otro mundo y sólo el hecho de ser llevadas a cabo en solitario y en una ciudad extranjera les daría una dimensión mayor de la que realmente tienen. Además el tipo es sensible y ha hecho miles de kilómetros para ver a Rice, eso debe significar algo o debe tener un trasfondo que no necesitaría ser contado en la historia.

El relato tendría que tener puntos en común con 'My Favourite Faded Fantasy'. No todas encajarían sin que quedaran forzadas. Otras se solaparían mejor, 'The Box', por ejemplo, se podría referenciar en cualquier momento porque habla de ser rebelde y libre una vez que has sido desbloqueado por alguien. Sería un buen motivo, oculto, para viajar tan lejos.


También quedaría bien, estamos hablando de que el personaje viaja a una ciudad lluviosa, que sonara 'It Takes a Lot To Know a Man'. Durante el cambio de la parte cantada a la instrumental se escuchan unas gotas que podrían solaparse con las que caerían en la ciudad lluviosa.

No sé hasta que punto puedo ser suficientemente gráfico para describir todo esto, a veces lo que imagino tiene dimensiones que no puedo abarcar. Creo que eso ocurre en esta ocasión, imagino 'Long, long way' sonando al principio, o al final, los caminos son igual de largos a la ida que a la vuelta pero ésta última también puede hacerse más dura, aunque a veces volver haya sido un auténtico alivio.

Película o relato, esa música sería la banda sonora y la historia debería tener algo parecido a un climax durante el concierto de Rice y no quedarse en un simple McGuffin. Lo que se contaría, sin realmente ser contado, es cómo la sensibilidad a veces sirve para justificarlo todo, a uno mismo porque el resto de ojos sólo ven actos, o "cosas", moralmente cuestionables.

Al final el relato terminaría, independientemente del soporte y quedarían las mismas dudas que había antes. El único consuelo es que tendremos un puñado de canciones más a la que asociarlas.

jueves, diciembre 18, 2014

'El impostor' de Javier Cercas

Era de obligada lectura esta nueva obra, de no ficción, de Javier Cercas. De nuevo el extremeño/catalán vuelve a fijarse en los detalles, o instantes, de una parte de la historia de España. Ya lo hizo con 'Soldados de Salamina' y con 'Anatomía de un Instante'.

Lo primero que hace Cercas en este libro es contarnos por qué lo ha escrito. Sus dudas iniciales sobre hablar acerca del personaje en el que se centra la obra, el expresidente de la Amical de Mauthausen, Enric Marco. Expone lo antipático que le resulta el personaje y su miedo a entenderle en una época en la que entender algo es quedarse en un incomodo gris donde todo es blanco o negro.

Al final lo escribe, claro, y Cercas nos narra la historia de Marco, la real y la ficticia. Durante todo el relato se repite de manera incesante lo que Faulkner decía, 'Réquiem por una monja', del pasado; “El pasado no está muerto. Ni siquiera es pasado”. Es una dimensión del presente.

Marco va atravesando las mismas etapas que cualquier español que se situara dentro de esa mayoría silenciosa que siempre supo poner la otra mejilla, algunos con más dolor que otros. Llegada la muerte del dictador se inventó un pasado, como hicieron otros muchos.

Y ahí queda su historia llena de mentiras puestas en un contexto muy real y crudo. Es cómo se construyen las buenas, las que confunden todo lo sucedido en el pasado, que, en realidad, ni si quiera es pasado.

Me ha gustado mucho leer de nuevo a Cercas aunque se merezca que le digan que está más loco que el Quijote, que Marco o que Fernando Arrabal cuando se compara con Cervantes, con Carrére o con Truman Capote. Todas las críticas que se le pueden hacer a él, como escritor y como autor de esa obra, se las hace él mismo en boca de un imaginario Enric Marco.

En varias partes de esta conversación que no existió Cercas señala algo así como que 'Soldados de Salamina' fue la llama que encendió la mecha de aquella moda de la memoria histórica. Algo más que reprochar a Cercas por muy buena que me pareciera esa novela y por mucho, esto ya está más que tratado en este blog, que su lectura significara para.

En esa parte aparece de nuevo Bolaño cuando hablan del héroe que Cercas había inventado en aquel libro. El viejo del que habla el personaje de Bolaño en Soldados, Miralles, es el mismo viejo que aparece en 'La pista del hielo' del autor chileno y en el ya mítico camping Estrella de Mar. Todo lo que lea de, o sobre, Bolaño me emociona, hace que se me ponga la piel de gallina, y esa parte es una de las que más me ha gustado.

El Héroe.
De nuevo la búsqueda del héroe, tema recurrente en Cercas que aquí, hay que admitirlo, lo define de forma excepcional. Mejor que aquella de Soldados que decía que un héroe era aquél que hacía lo que debía hacer en el momento en el que importaba hacerlo, o algo así, o simplemente era alguien muerto (muerto, muerto, muerto). En esta ocasión define a los héroes, de sus libros, como personas que en algún momento de su vida dijeron NO cuando todos decían sí y con eso lo cambiaron todo.

El chaval de 'Soldados de Salamina' dice que NO con la cabeza, aunque en realidad hace un amago de sonrisa, cuando debe disparar a Sánchez Mazas. Adolfo Suarez dice NO cuando el ejercito quiere acabar con la democracia de su país.

En esta ocasión es Enric Marco el que se hace el héroe por decir que había dicho NO cuando todos dijeron sí.  Se demuestra, el historiador Benito Bermejo lo hizo, que en su puta vida dijo que no a nada, como el 99% de los españoles. Es la familia de éste, algo forzado esto, la que dice NO cuando todo el mundo la toma por el antiguo secretario de la CNT.

El escritor
Aquí sólo voy escribir afirmaciones que mentalmente hago mientras escribo, intentando omitir filtros y sin pasarme mucho de la ralla.

Entiendo el punto de vista de Cercas y sus dudas acerca de eso de la ficción y de la no ficción porque ha sido muy machacado a veces por vender una historia real que los propios protagonistas han desmentido a posteriori, Santiago Carrillo por ejemplo.

Me ha gustado esa definición de poesía/ficción que Cercas toma prestada de Flaubert; “La poesía –debemos entender, la ficción- es un engaño en el que quien engaña es más honesto que quien no engaña y quien se deja engañar es más sabio que quien no se deja engañar”.

Creo que Enric Marco no da para tanto, su comparación con el protagonista de 'El Adversario' de Carrére o con los de 'A Sangre Fría' me parece demencial. Sin embargo creo que Cercas le da la importancia que, como autor, debe darle para hacerlo interesante, y hacer así a su particular Anti-héroe.

Los escritores que, por lo general, me gustan son aquellos que ven una historia donde un ser humano normal, que está pendiente de otras muchas cosas, no. En este sentido creo que algún día me gustaría ser ese tipo de escritor, aunque creo sigo estando pendiente de demasiadas otras cosas.

Estoy casi convencido de que si no hubiera leído 'Soldados de Salamina' este blog no habría tenido más de seis entradas.




lunes, diciembre 15, 2014

'Olive Kitteridge' de Lisa Cholodenko

Vi el primer episodio de esta miniserie en un momento algo tonto en muchos, y extraños, sentidos. No tenía previsto ver esta serie, o al menos no en ese momento, pero la presencia de Frances McDormand y Richard Jenkins en pantalla hizo que me quedará frente a ella, paralizado, presenciando la historia de esta peculiar profesora de matemáticas.



En los cuatro episodios la vida de la familia Kitteridge, basado en la novela de Elisabeth Strout, avanza de forma desigual y extraña, como es la vida cuando cuando se pone a hacer de las suyas. El señor Kitteridge es un simpático farmaceútico. Ambos tienen un hijo que tiene cierta tendencia a la depresión. Se trata de una herencia familiar ya que siempre está presente en el ambiente el suicidio del padre de Olive.

Sin duda son las peculiares maneras de Olive las que marcan la vida de todos los personajes que la rodean. Provocan una dura infancia del niño así como un matrimonio donde se destila mucha insatisfacción. Los gestos siempre son amables y el cariño nunca de ser evidente pero también lo es la cara de Olive, que carece de filtro.

La historia está magistralmente narrada pese a dar saltos bastante grandes en el tiempo pero capturando aquellos momentos que entendemos que son clave en la vida adulta de Olive. Todo está tan bien contando que por momentos duele ver el comportamiento brusco de la protagonista o ciertos sucesos que cambian la vida de la familia Kitteridge.

Los cuatro episodios son maravillosos pero me quedo con el segundo y el cuarto. En este último destaca la presencia del siempre genial Bill Murray que crea un gran efecto en pantalla cuando aparece con McDormand. Los bruscos diálogos entre ambos inadaptados están llenos de crudeza y de sinceridad que resultan graciosos, por aquello de reír por no llorar.



Hay que destacar también a Richard Jenkins, es un actor al que idolatro desde que hiciera de cabeza de familia de los Fisher en 'Six Feet Under'. Más allá de ese papel creo que es un actor, con letras mayúsculas, y en esta ocasión hace un trabajo excelente, haciendo que ciertos momentos de su personaje se hagan de difícil digestión. Destacar también la presencia de Jesse Plemons y de la interesante Zoe Kazan.

Aunque la serie no fuera buena sería interesante verla por el impresionante trabajo de Frances McDormand pero es sin duda una de las mejores producciones que he presenciado últimamente. Si tuviera que hacer un ranking o un estúpido Top Ten de lo mejor de 2014, en materia de ficción, sin duda metería a 'Olive Kitteridge', en las primeras posiciones. De nuevo, no sé por qué pero vuelve a ser así, 'Canadá' se me viene a la cabeza, al igual que, tampoco sé por qué, Chirbes.


viernes, diciembre 12, 2014

Apartment Story

Llegué al metro casi a la misma hora de todos los días; ocho menos algo. El cartel informaba de que aún faltaban siete minutos para que el tren llegara. En el andén había bastante gente y suponía que más de uno habría llegado cuando el luminoso aún reflejaba un número de dos cifras.

Pese a haber tanta gente el banco que había junto a las escaleras mecánicas estaba vacío ya que estaba manchado de unas extrañas manchas rojas en uno de sus extremos. Esos siete minutos, el cartel aún no había pasado a seis, eran los suficientes para que esperar sentado fuera una opción justificable para un chico de mi edad.

Llevaba música en el móvil y no escuchaba ni un sólo sonido del bullicioso ambiente de la vía. Me quedé entonces esperando, mirando hacia el otro andén sin realmente mirar nada, mientras pensaba en uno de esos relatos que aún tenía a medias; atragantado. Éste contaba una pequeña historia, semi ficticia, en el que interactuaba con una antigua vecina, ahora también ficticia.

Vivíamos puerta con puerta. Una ventana de mi apartamento y la única que su piso tenía estaban separadas por un pequeño patio. La distancia entre ambas era tan pequeña que podía saber, por las voces que se escuchaban y por las sombras que podía distinguir a través de su persiana y la mía, qué estaba ocurriendo en cada momento.

En ese relato todo era normal hasta que el protagonista, digamos que mi yo ficticio, visitaba el piso de su vecina por un problema logístico; el fallo de una línea teléfono que ambos pisos compartían, los dos apartamentos pertenecían al mismo propietario.

Ese yo, al cambiar su habitual punto de vista por uno distinto al mirar por aquella ventana ajena, se daba cuenta de que ese cotilleo cotidiano era bidireccional. Evidentemente la distancia entre ventana y ventana seguía siendo la misma al igual que también lo era la claridad de las siluetas que se observaban a través de ambas.

El caso es que ese yo había dejado a una conocida esperando a que éste regresara de aquel piso vecino. La sombra de ésta se atusaba el pelo en el espejo que había en la pared que formaba un ángulo de noventa grados con el muro que tenía la ventana.

Mi yo ficticio observaba ese gesto que podría no significar nada, uno muy natural de la sombra de una persona que tiene cierta obsesión por ir siempre arreglada, o quizá sí, esa sombra podía estar preocupada por su imagen ante mi ficticia persona.

Todo dependía de las sensaciones de ese yo al igual que todo dependía de las sensaciones que su entonces vecina hubiera tenido con respecto a él durante toda su estancia en aquel piso. Pese a lo obvio que resultaba todo sentí, en realidad lo sintió mi yo ficticio de aquel relato, que la intimidad que había tenido durante todo el tiempo se había visto mancillada o, peor aún, malinterpretada.

En ese punto quedó el relato. Flotando entre los millones de caminos, la mayoría estúpidos, que podía seguir. Varias eran las opciones que recordaba tenía anotadas con flechas, como si de bifurcaciones se trataran.

Miré de nuevo al minutero, también ficticio, de aquel cartel digital que ahora marcaba tres minutos menos que antes. La gente seguía llegando y amontonándose en aquella vía. Muchas personas me miraban con cara de extrañeza, como si les resultara familiar en un mal sentido, como si yo fuera alguien con el que nadie quiere encontrarse.

Entre todos los finales de aquella historia destacaba la opción de que ese yo volviera corriendo a su apartamento y bajara de una las persianas haciendo así que nada de lo que allí ocurriera fuera visible. Obviamente, este final prometía ser más feliz, y reconfortante, que interesante.

El peor de todos los posibles, no porque fuera malo en sí como final de un relato si no por no obrar de la manera correcta, era el de asesinar a mi vecina en ese preciso instante. Sería una solución poco válida en la vida real, traería demasiadas complicaciones a posteriori, pero muy visual y efectiva como final en sí.

Aquí de nuevo la historia podía bifurcarse en las múltiples formas de asesinar a alguien aunque puestos a ser efectista volvamos a los clásicos. Un cuchillo en una mano de la sombra de mi yo, ficticio, clavando puñaladas a ritmo de sintonía de terror.

Ese final tendría el punto de vista de la chica que se atusaba. Ésta, espantada, miraría a mi sombra matando a la vecina. Se pondría una mano en la boca para no gritar mientras que la sombra de la vecina de ese yo cae al suelo y desaparece de la ventana.

Sonreí al pensar en ese final que parecía perfecto visualizado en mi cabeza. Ambas sombras, la de ese yo con el cuchillo en la mano y la de esa chica conocida con la mano en la boca, mirándose de frente y separadas por un pequeño patio.

Un golpe en el hombro me devolvió a la realidad y pude ver que sólo quedaba un minuto para que llegara el tren. Aún sonriendo dirigí mi mirada hacia la persona que me había golpeado. Era un hombre de la seguridad del metro cuyos labios se movían sin que yo pudiera oír qué decía. El dedo indice de una de sus manos se movía arriba y abajo mientras señalaba al extremo del banco, que aún seguía repleto de sangre.

jueves, diciembre 11, 2014

Sons of Anarchy: Come join the murder

Ha llegado el final de 'Sons of Anarchy'. No sé si lo hace tarde porque quizás debió terminar con la muerte de Clay Morrow o quizás antes, tras aquellos días en Belfast. En el fondo habría dado igual porque, a mí al menos me ocurría, estábamos en ese punto en el que el amor era ya cariño del bueno y nos importaba poco los desplantes que la serie nos hiciera.

Ante cualquier truco o trampa que nos hacía nos decíamos algo parecido a lo que nos decimos cuando un amigo llega tarde a una cita o se marcha sin pagar;  'Sons of Anarchy' es así y así, y por mucho que nos haga, la vamos a seguir queriendo. Qué remedio.

Son muchos los trucos, quizás engaños, que Sons nos ha hecho en sus siete temporadas. Finales de temporada imposibles donde todo cambiaba sin justificación alguna. Personajes que caían mal porque sí, eso al menos me pasaba con Stahl, y otros que caen bien porque aparecían en otra de tus series de cabecera, la dulce Celeste, por ejemplo, o la agente Patterson (C. C. H. Pounder).

Brutalidad injustificada en muchas ocasiones. Se habla de 'Juego de Tronos' como serie cruda pero no he visto más sangre que en la serie de Kurt Sutter. Ojos y dedos arrancados, disparos a quemarropa, sodomizaciones, hechas por Marilyn Manson para más inri.

'Sons of Anarchy' estaba a años luz de ser la serie perfecta pero he de confesar que en muchas ocasiones fue un placer culpable del que evitaba hablar, no era difícil porque nadie de mi entorno la ha visto. Desde el piloto, muy recomendable para ser visto como película, hasta este último capítulo. Muchos excesivamente largos que, sin embargo, se me pasaban volando. Actuaciones memorables las de Katey Sagal, Tommy Flanagan o Ron Perlman. Secundarios de raza que hacían que actos increíbles, innacrochables, nos resultaran muy humanos. Actos inexplicables pero al menos humanos.

Hay otras actuaciones que, para mí, tienen mucho encanto. Paula Malcomson, que fue la mítica Trixie de 'Deadwood', Kim Dickens también tiene su pasado en 'Deadwood' pero la identifico más con la Janette Desautel de 'Treme'. Qué decir de Drea De Matteo, Adriana en 'Los Soprano'. Otros cameos imposibles como los de Courtney Love, el ya citado Marilyn Manson, Carmelo Anthony o Stephen King.



Recordaré también a 'Sons of Anarchy' como un eterno crossover de la serie con 'The Shield'. Son muchos los puntos en común que han tenido ambas. Actores/escritores que han participado en ella, el propio Kurt Sutter lo ha hecho a todos los niveles. También lo ha hecho la práctica totalidad del casting principal de la serie policiaca.

Faltaba la participación del actor que daba vida al mítico Vic Mackey, Michael Chiklis. Su no presencia (esto no es del todo cierto porque sí que apareció como Mackey en la pequeña pantalla de una televisión instalada en una prisión) era hasta cierto punto desconcertante pero Sutter le tenía preparado un papel importante en los instantes finales de la serie.

Chiklis es el último factor común que Jax Teller tiene con Gemma Teller. Éste, caracterizado como camionero, transporta a Gemma Teller hasta su ciudad natal. Se supone que de vuelta atropella, literalmente, a nuestro antihéroe en un final inolvidable.

'Inolvidable' es quizá la mejor palabra para resumir los últimos minutos de 'Sons of Anarchy'. Jax Teller conduciendo la moto de su padre. Tras él, unos veinte coches de policía (que deben ir a veinte por hora), también alguna moto, que forman una extraña comitiva. La imagen de un cuervo volando en perfecta línea recta se mezcla con otras en las que aparecen el resto de personajes; la descolorida cara de Gemma Teller, la desolada estampa del nuevo presidente, Tig consolado por Celeste (y sus impresionantes tetas), y Vic Mackey conduciendo el camión contra el que Jax se estrellará. El protagonista cierra los ojos y abre los brazos para abrazar la misma muerte que se llevó a su padre.



Como digo al inicio, esta serie está muy lejos de la perfección pero echaré mucho de menos aquellos viernes en los que no tenía otro plan que ponerme el atemporal capítulo de turno de 'Sons of Anarchy'.

La recordaré también por pequeñas cosas. Pequeños despistes; no vi dos capítulos que daban fin a las temporadas a las que pertenecían porque pensaba que el penúltimo era realmente el último (Muerte de Stahl y muerte de Tara Knowles). Pequeñas coincidencias; encontré, haciendo zapping, el capítulo en el que me había quedado en un hotel en Amsterdam.



Gran acierto, eso sí, la banda sonora durante todas las temporadas. Quizás alguna versión era algo extraña o forzada pero por lo general estaban en el contexto. Creo que el gusto musical era de lo poco bueno que tenían los Sons.



jueves, diciembre 04, 2014

Conclusiones de la 'Fundamentación de la metafísica de las costumbres' de Kant (I)

He estado a punto de poner "no leer" bien grande y en negrita pero supongo que eso tendría el efecto contrario. Publicar esto es una forma de llevarme los apuntes de Ética a todos lados.

Esto es el resumen de otro resumen, aunque con mi dominio de la síntesis puede que me haya salido mayor que le original. Ya dije en su día que no me había enterado, espero que poniendo todo algo más esquematizado y con negritas y demás opciones pueda ir poco a poco cambiando mi chip de ingeniero.

La primera parte trata de acotar la moral dentro de la Filosofía. Sería la parte racional de la ética. Una vez acotada pasa a definirla haciendo un inventario de sus posibilidades.

Luego se habla de voluntades, buenas voluntades, que son buenas en sí mismas, no como dones que podemos usar de mala manera. El resultado nos da igual, como la canción esa que dedican ciertos aficionados al alcohol.

En pleno viaje del conocimiento vulgar, ahí me hallo, hasta el filosófico, se nos explica qué es el deber y qué es una ley con respecto al valor moral. De ahí pasamos a qué es obrar bien, siguiendo al deber, marcado por una ley, que está autoproducida por la razón.

Esta es sólo la tercera parte de otras dos que, supongo, escribiré tras ésta. Siento el coñazo, y siento el cambio de tono. El deber me obliga.

La filosofía se divide en:
  • Física.
  • Ética.
  • Lógica.
La física y la ética tienen una parte empírica, conocimiento de los objetos, y otra racional, conocimiento de las leyes. La parte racional de la ética es la moral.

La filosofía moral, parte racional de la ética, ha de ser pura. La moral es la metafísica de las costumbres.

La moral pura, pura razón, puede:
  • Fundar leyes válidas universales.
  • Hacer justicia a la autenticidad moral.
La "Filosofía práctica universal": La filosofía práctica (Wolff) no establece esta neta separación de los elementos apriorísticos y empíricos. No percibe la peculiaridad de la voluntad pura.

El libro de Kant viaja del conocimiento vulgar al filosófico y de éste a la crítica de la razón pura. El primer "viaje" es del conocimiento vulgar al filosófico.

La buena voluntad es lo único bueno sin restricción mientras que los dones, la felicidad o las virtudes pueden ser mal empleados.

La buena voluntad es buena en sí misma, independientemente de los resultados fácticos.

Argumento teleológico; El fin de la razón es fundar una buena voluntad.
La razón práctica, como facultad del hombre es dar origen a una voluntad buena en sí misma.

Valor Moral y Deber.
Proposiciones:

  • El valor moral estriba en hacer el bien por deber, no por inclinación. El concepto de deber contiene el de la buena voluntad. Las acciones de contenido moral se realizan por deber y son contrarias a nuestras inclinaciones.
  • El valor moral de una acción reside en su máxima y no en su propósito.  El efecto es objeto material de deseo y se da a posteriori. La máxima es formal, no material, y a priori.
  • El deber es la necesidad de una acción por respeto a la ley: Ley es el principio objetivo mientras que la máxima es el principio subjetivo.

La ley es un sentimiento autoproducido por la razón.

La ley moral:

El imperativo categórico como ley moral: La ley expresa de la legalidad universal. Obra haciendo que su máxima se convierta en ley universal. Exento de subjetivismos como inclinación y propósito.

El imperativo categórico como criterio de enjuiciamiento moral. Máxima universalizable; moral. Máxima no universalizable; inmoral.

Necesidad de la filosofía moral


Excelencia del conocimiento moral ordinario. Posibilidad de la universalización de la máxima es lo que necesita la razón humana ordinaria para actuar. Filosofía estudiar y exponer la moralidad.

Necesidad de pasar del conocimiento moral ordinario al filosófico. Razón ordinaria genera inseguridad por la multitud de estímulos contrarios al deber. La filosofía ha de conseguir fortalecer la razón ordinaria con la crítica de la razón.

miércoles, diciembre 03, 2014

'Operación Dulce' de Ian McEwan

Segunda obra, creo, que leo de Ian McEwan, sólo tengo registrada 'Ámsterdam' en este blog. No sé bien cómo llegué a ella, creo que buscaba una novela cien por cien comprensible tras mi frustrado paso por 'La metafísica de las costumbres' de Kant.

En ese sentido; objetivo cumplido. Lectura muy agradable y comprensible. En voz de mujer se nos cuenta la historia de una matemática que acaba trabajando para el servicio de inteligencia británico. Ésta es también una ávida lectora que termina trabajando en una misión que recluta, sin que ellos lo sepan, a escritores que con sus obras desmitifican el ideal soviético que en esa época existía más allá del muro.



McEwan mezcla la ficción con la realidad en muchos sentidos. El caótico estado de Gran bretaña en aquella época con huelgas de mineros, estados de excepción, terrorismo del IRA, con la historia de amor de la protagonista, llamada Serena, con Tom, un prometedor y atractivo escritor novel.

La historia está bien contada, no se puede encontrar ningún agujero en ella y supongo que es lo que un escritor profesional, y con la experiencia de McEwan, logra de forma relativamente sencilla. Esto es lo que hace grande a este tipo de escritores que parten con algo que a los que empiezan, esto se puede ver en el personaje que es escritor en la novela, les cuesta mucho encontrar.

McEwan habla en voz de una mujer y lo hace de forma correcta y creíble. En las últimas hojas de la novela podemos sospechar por qué. Ese final, sin querer destripar nada, nos hace pensar en una metanovela.

Sí que se nos narran novelas dentro de la propia novela. Esto siempre me ha gustado cuando lo ha hecho Bolaño en 'Los sinsabores del verdadero policia' o Irving en 'El mundo según Garp', también lo hizo Auster (increíble que no tenga una etiqueta o entrada sobre este escritor) en muchas de sus obras y seguro que hay muchas más que he leído pero éstas son las que se me vienen a la cabeza ahora mismo. Cuando se hace bien es como ver 'Las Meninas'; es como ver una foto en las que se ven otras fotos o un cuadro en el que se ven otros cuadros ocultos dentro, no sé si se entiende pero me fascina.

No soy de finales felices ni de novelas románticas pero me ha gustado la historia entre la espía y el escritor y el juego de espejos que sucede en un determinado momento. De nuevo profesionalidad de escritor y un dominio envidiable de la estructura. He de decir en este punto que todo se me hace demasiado perfecto y quizás por sentirme más identificado con el autor necesito, a veces, cierta irregularidad, subidas y bajadas, en la narración.

Esta "perfección", algo monótona, puede que sea causada por la traducción, creo que muchas obras suenan parecidas a otras sin que tengan nada en común. Quizás deba mejorar mi inglés o leer sólo literatura en castellano o resignarme a seguir leyendo obras "perfectas".


miércoles, noviembre 26, 2014

The Good Music of 'The Good Wife'

Vía Amazon el encargado de la música de 'The Good Wife', David Buckley (que nada tiene que ver con los Buckley de toda la vida), ha recopilado, mejor dicho "recopiló", tras la quinta temporada  la mejor música que ha sonado en la serie protagonizada por Julianna Margulies. En este enlace puede verse el listado, algunos nombres son muy curiosos (Willicia), y cada tema puede ser escuchado durante unos segundos.

Muchas han sido las veces que he acercado el móvil tras escuchar la música que acompañaba a los gestos o carreras de los  diferentes personajes de esta gran serie. Recorriendo pasillos, mirando amenazante a alguien o simplemente lamentándose por algún motivo, los ricos también lloran.

En este sentido he encontrado también un página dedicada a encontrar el nombre de una canción que suena en un capítulo de una serie o en una película. No tienes por qué encontrar verdades absolutas pues es un sistema bastante "wiki" basado en preguntas y respuestas.



No puedo hablar de algo relacionado con 'The Good Wife' sin hablar de la sexta temporada y mi experiencia haciendo un resumen de cada capítulo. Como espectador me he fijado en detalles en los que antes no caía, en cameos, en estructura de cada capítulo y en cómo se lo juegan los guionistas en según que historias o frases.

En cuanto a lo que me está aportando a la hora de escribir también está  resultando interesante. Creo que he mejorado en cuanto a ortografía y rigor capítulo a capítulo. No he mejorado, desde luego, en síntesis porque cada resumen se me iba haciendo mayor por la necesidad autoimpuesta de no dejarme nada, de resaltar cada detalle porque 'The Good Wife' era eso, una serie que era buena por éstos.

Pese a estar acostumbrado, entre comillas, a escribir para un determinado público, creo que no muy grande, esperar las reacciones de "vete tú a saber quién" en mis primeras publicaciones en la plataforma en la que aparecían me aterraba. Esperaba más comentarios, críticos o incluso insultantes pero ni eso. Los hubo pocos, todos educados y muy impersonales en plan "No pongas tanta info en la Portada que me jodes la serie". Mejor así, porque uno pone su nombre real, más extraño incluso que el pseudónimo, y no sabe a que atenerse.


No hay más capítulos hasta el cinco de enero así que igual me da por escribir nuevas ficciones o me pondré en serio con la Filosofía o simplemente no haré nada. Puede que traslade los textos a este blog, supongo que debería ser legal porque al fin al cabo los he escrito yo pero también los he vendido, a muy bajo precio. De todas formas tengo la teoría de que cuando mueves un texto de un sitio a otro éste siempre se transforma, aunque te limites  a copiar y pegar.

jueves, noviembre 20, 2014

Isla (I)

Sigo las señales verdes del aeropuerto que indican dónde está la salida, [Exit]. Al pasar la zona que separa a los pasajeros del resto del mundo veo a mucha gente que está esperando a sus seres queridos. Alguna vez me gustaría saber que se siente al ser recibido así, con ramos de flores, besos y abrazos o simplemente con un cartel en el que esté escrito "Señor [mi primer apellido]".

Salgo del aeropuerto y recorro una zona repleta de taxis. No se ve ningún autobús por lo que creo que me he equivocado de puerta y cuando lo confirmo tengo que subir unas escaleras grises para volver a la casilla de salida. Puede que pierda el bus pero no me enfado porque en esa isla es un hora menos que en mi ciudad y no tengo prisa. Aún no he cambiado el reloj pero hoy el día tendrá veinticinco horas.

Dos chicas que van por delante de mí han cometido el mismo error que yo y se ríen. Yo me contagio y me río mirando hacia el suelo. Se llaman tonta la una a la otra, en su idioma, y yo mentalmente me lo digo, haciendo mío su idioma.

El autobús espera, no por nosotros sino que espera en general. Va con retraso aunque no puede ser considerado como tal. Sólo se trata de desinformación por parte del que no es consciente de que, por norma general, los autobuses funcionan con retraso en aquella isla.

Cuando el autobús arranca yo saco un pequeño cuaderno en el que tengo anotadas todas las paradas que hay del aeropuerto al alojamiento que he reservado. El conductor se salta muchas, casi todas, y la gente desinformada se indigna, grita y protesta en varios idiomas.

El paisaje es estático y el autobús levanta el polvo de la carretera. Desde fuera parece que estamos volando y desde dentro los cristales tienen todo el tono sepia que una foto puede contener.

Pese a todo nos movemos y mi parada llega. Yo desciendo del bus con mi maleta. Intuyo que voy a necesitar esa hora que ese día me ha regalado para lograr ubicarme. Me hallo en la intersección de dos calles que son paralelas a otras muchas que forman idénticas intersecciones entre sí.

Las calles están vacías y todas las casas son blancas. Cada una tiene un pequeño patio que está protegido por una extraña valla que no deja ver nada de lo que dentro sucede. Mientras camino escucho el ruido que provoca una persona que se lanza a una piscina. Hace calor, estoy perdido pero si cierro los ojos lo veo todo azul, estoy al otro lado flotando en el agua. Cuando los abro estoy andando de nuevo.

Al cruzar una nueva intersección me topo con una especie de centro comercial antiguo. El complejo tiene un asfixiante color amarillento que no desentona con los descoloridos paneles de chapa que despiden calor y anuncian productos locales que probablemente ya no existan. Los negocios que quedan abiertos me hacen pensar en decadencia, en conformismo y en mala suerte. Pese a estar vacío escucho el ruido de una multitud y música. No sé si aquello es real o es sólo una mala pasada.

Sigo andando mientras intento no pensar, con lo que eso conlleva. De nuevo casas blancas y ruido de piscinas, también se escucha alguna risa que yo tomo por real. La prioridad ya no es ubicarme o encontrar un destino; es volver a la realidad o al punto de partida, lo que aparezca primero.

Me detengo, miro mi reloj, ha pasado una hora y aprovecho para ajustarlo al horario de aquella isla. Las calles siguen vacías y todas las casas siguen siendo blancas. No es uno bueno, pero al menos es un comienzo.


miércoles, noviembre 19, 2014

'Agosto' de John Wells

Hace tiempo escuché hablar de esta película porque parecía que en su rodaje las dos estrellas que la protagonizaban habían chocado en una muy particular batalla de egos. He de decir que no profundicé mucho en el tema porque tras ver la película no sabría decir si la noticia hablaba de los personajes o de las propias actrices.

Lo mismo da porque lo realmente noticiable era que dos oscarizadas actrices protagonizaran la misma película. He decir que ninguna de las dos me gusta especialmente pero reconozco que ambas han tenido actuaciones memorables y que tienen bien merecida su fama.

Ambas son actrices bastante histriónicas, en mi opinión. Fuerzan demasiado el gesto de pena cuando pretender dar pena y su sonrisa es demasiado perfecta cuando deben limitarse a sonreír sin más. Puede que el truco para que parezcan contenidas sea el de enmarcarlas en un contexto gótico lleno de gritos y peleas.



Aquí he de decir que Roberts... Vaya, me acabo de dar cuenta de que he escrito tres párrafos y no he puesto el nombre de las actrices. Son Julia Roberts y Meryl Streep (in alphabetical order para que ninguna de las dos se enfade). Como decía, he de decir que Roberts había estado muy convincente, y contenida, en 'The Normal Heart', y también que de buenas actuaciones de Streep estaban los videoclubs llenos.

'Agosto' es la adaptación de una  obra de teatro de Tracy Letts. Retrata las tensiones familiares de una familia de Oklahoma desatadas tras la muerte del cabeza de familia, un poeta que decide suicidarse.

La madre parece tener cáncer de boca, excusa que utiliza para inflarse a todo tipo de medicamentos, calmantes en su mayoría. Tiene tres hijas que se reúnen con su madre a raíz de la desaparición de su padre.

Muchos secretos salen a la luz ante la nueva vida a la que se enfrentan. Las hijas deberían hacerse cargo de una madre que resulta insoportable. La mayor de las hijas. Julia Roberts, debe enfrentarse a ella comportándose de la misma manera.


Perro come perro y entre ambos las otras dos hermanas. Una muy apocada que es la única que había seguido haciéndose cargo de sus padres, Julianne Nicholson, y otra más joven y deshinibida, a la que da vida Juliette Lewis.

Resalto en este punto la actuación de Julianne Nicholson que puede que utilice para hacerla el método contrario al que deben hacer Streep y Roberts en cada trabajo. Su rostro se ha hecho muy familiar gracias a sus papeles en series de televisión como 'Masters of Sex' o 'Boardwalk Empire'. Actriz que gracias a su fisonomía resulta muy versátil sin dejar de ser efectiva.

Los diálogos y situaciones de esta película son brutales. Son las cenas que tenían lugar en 'Six Feet Under' llevadas al extremo. Memorable la comida que se celebra tras el funeral con una madre repartiendo ostias a diestro y siniestro. Magnífica resolución e increíbles minutos finales.

La atmósfera opresiva, por Oklahoma,  el calor y por las propias situaciones, me recuerdan a aquellas obras que he leído y cuyo paisaje era un personaje más de la novela. La reciente 'Cánada' de Richard Ford o 'Infancia' o 'Desgracia' de J.M. Coetzee.

Éste es un caso en el que la calidad no afecta al entretenimiento. Viéndola me asalta la típica sensación de culpabilidad que a veces me asalta al divertirme mientras estoy aprendiendo algo, o incluso trabajando.

Resaltar el efecto de la canción 'Last Mile Home', la versión acústica de Kings of Leon. Bálsamo perfecto, o puede que sea la puntilla perfecta, tras presenciar tanta brutalidad.


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